Bajo el liderazgo de la becaria Luciana Antonela Vizgarra, el estudio busca transformar el conocimiento sobre el chamico, el toloache, el estramonio y el floripón. Estas especies, que históricamente formaron parte de la medicina ancestral de los guaraníes, hoy están en la mira científica debido a su creciente vínculo con intoxicaciones y contextos criminales.
Pertenecientes a la misma familia botánica que el tomate, estas plantas esconden en sus hojas, semillas y raíces potentes alcaloides como la escopolamina y la atropina. Estas sustancias actúan directamente sobre el sistema nervioso central, alterando drásticamente la memoria, la percepción y el comportamiento de quienes las consumen. Aunque poseen usos medicinales controlados, su ingesta fuera de supervisión puede provocar desde alucinaciones y taquicardia hasta estados de coma o la muerte.
El estudio cobra una relevancia crítica en el ámbito de la criminalística, ya que estas plantas son utilizadas como drogas facilitadoras de agresiones. La escopolamina, en particular, suele administrarse de forma encubierta para anular la voluntad de las víctimas y borrar sus recuerdos, dificultando la denuncia de los hechos. Se estima que sustancias de este tipo podrían estar involucradas en hasta el 17% de las agresiones sexuales documentadas a nivel global.
De izq a Dcha: Mgter. Gisela L. Forlin (Co directora); Luciana Antonela Vizgarra; doctora Ana María Torres (directora), doctor Gonzalo Ojeda (subdirector del proyecto).
Para desentrañar estos riesgos, el equipo científico recolectará muestras en diversos puntos geográficos para determinar cómo varía la toxicidad según el suelo y el clima. El objetivo principal es establecer, por primera vez para la zona del NEA, en qué parte de la planta —flores, raíces o semillas— reside la mayor concentración de veneno. Para ello, se emplearán métodos de laboratorio avanzados, incluyendo ensayos con material genético vegetal y ratones, para definir las dosis que resultan letales.
Los resultados finales de esta investigación permitirán emitir alertas precisas a la población y proporcionar datos de referencia vitales para la justicia. Al conocer con exactitud la potencia de estas sustancias, los peritos podrán identificar mejor los casos criminales donde hayan sido empleadas. De este modo, la ciencia regional busca convertir un antiguo saber ancestral en una herramienta moderna para la protección de la salud pública y la seguridad.







