La inflación muestra señales de desaceleración en abril tras el pico registrado en marzo, con una menor presión en alimentos que comienza a reflejarse en los primeros relevamientos del mes y genera expectativas de un índice más moderado.
Luego del 3,4% registrado en marzo, distintos análisis coinciden en que el Índice de Precios al Consumidor retomaría una tendencia descendente, con estimaciones que lo ubican por debajo del 3% y más cerca del 2%, según proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado y consultoras privadas.
Uno de los factores clave en esta desaceleración es el comportamiento de los alimentos y bebidas, que registraron subas más moderadas en comparación con semanas anteriores, lo que contribuye a aliviar el promedio general. Algunas mediciones incluso muestran variaciones semanales más bajas y una desaceleración en el acumulado mensual.
Sin embargo, el escenario no es completamente estable, ya que el impacto de los combustibles sigue presente y condiciona una baja más pronunciada del índice. La suba en los precios energéticos, vinculada a la tensión internacional en Medio Oriente, continúa trasladándose a distintos costos de la economía.
En ese contexto, los analistas advierten que si bien la tendencia general es descendente, la inflación seguirá bajando de manera gradual y no abrupta, debido a estos factores externos que aún generan presión sobre algunos rubros.
Además, las diferencias entre mediciones privadas reflejan comportamientos dispares dentro de la canasta, con aumentos en algunos productos como verduras o lácteos, y bajas en otros como la carne, lo que muestra una dinámica heterogénea en la evolución de precios.
De esta manera, abril se perfila como un mes de transición, con una inflación más contenida que la de marzo, pero todavía influenciada por variables externas que impiden una desaceleración más marcada en el corto plazo.




