El Gobierno argentino enfrenta una "alarmante cruzada", ya que la acumulación de divisas se desaceleró, poniendo en riesgo la estabilidad cambiaria. A pesar de un rápido desembolso de USD 12.000 millones del Fondo Monetario Internacional que "fortaleció transitoriamente las reservas", el Head of Research la empresa de servicios financieros Criteria, Gustavo Araujo, advierte que la acumulación "no avanza según las metas estipuladas". Esta situación se debe al déficit en cuenta corriente y la creciente demanda de dólares por parte de privados, mientras la administración prioriza una estrategia de desinflación con el tipo de cambio como ancla.
Las tensiones en los flujos de divisas son evidentes, con un saldo negativo en la cuenta corriente y una mayor demanda de dólares para atesoramiento y turismo. A esto se suma un factor de corto plazo crítico: la finalización de la ventana de baja de retenciones al sector agropecuario hacia finales de mes, lo que podría frenar la oferta de divisas en el Mercado Libre de Cambios (MLC). Además, el calendario electoral introduce incertidumbre en el frente cambiario.
Una posible respuesta para el Gobierno es la vuelta al financiamiento en los mercados internacionales, buscando evitar una devaluación y apoyándose en tasas reales positivas. La colocación del BONTE 2030, que captó USD 1.500 millones, representó un avance en volumen. Sin embargo, Araujo señaló que la alta tasa de interés pagada refleja que "el mercado aún no está dispuesto a tomar duration sin una prima considerable", y esta herramienta no es evidente que sirva para recomponer reservas.
De este modo, el "escenario de tasas reales positivas se consolida como la segunda vía posible" para recomponer el equilibrio externo. Una tasa real elevada mejora el atractivo del carry trade en pesos, incentiva instrumentos de corto plazo, encarece el crédito y enfría la actividad. Esto, a su vez, reduce la demanda de importaciones, descomprimiendo la cuenta corriente y ayudando a contener la inflación. Como contraparte, este esquema impone un límite claro a la recuperación del nivel de actividad.
Una tercera alternativa, que el Gobierno buscará "evitar a toda costa", consiste en "convalidar un mayor deslizamiento cambiario para acelerar el ajuste externo". Si bien un tipo de cambio más alto moderaría la cuenta corriente, esto sería a costa de una mayor transmisión a precios y un impacto inflacionario "difícil de gestionar en un año electoral". Frente a estos escenarios volátiles, el experto sugiere que el posicionamiento de cartera se oriente a preservar valor real y mantener cobertura, destacando los bonos CER de corto plazo (como el TZXO5 o TZXD5) y los bonos duales (como el TTJ26 o TTS26) como resguardo ante la inflación y posibles cambios de escenario.





