Esta medida sin precedentes en la historia bilateral responde a las reiteradas declaraciones del presidente Javier Milei contra su par Luiz Inácio Lula da Silva, lo que derivó en la salida del embajador Julio Bitelli de Buenos Aires.
Esta crisis diplomática ha sumado un nuevo factor de incertidumbre al proceso de privatización de Agua y Saneamientos Argentinos (AySA). El motivo de preocupación reside en que dos de las empresas interesadas en competir por el control de la compañía son las brasileñas Sabesp y Águas do Rio, cuya participación es clave debido a la vasta experiencia técnica que exige el pliego de licitación.
El cambio de estatus diplomático implica que, de ahora en adelante, los canales institucionales entre ambos países serán más lentos y burocráticos. Según confirmó el canciller Pablo Quirno, Brasil reclama que la Argentina siga la misma línea y retire a su embajador en Brasilia, lo que reduciría sustancialmente el peso político de la interlocución bilateral.
Pese al conflicto, en AySA mantienen una mirada optimista y consideran que una eventual prórroga en el cronograma de la licitación podría dar margen para que baje la tensión política. Los oferentes locales, como el Grupo Roggio y Mauricio Filiberti, necesitan asociarse con operadores internacionales de este calibre para cumplir con los antecedentes requeridos en gestión de servicios de agua y cloacas.
Aunque se percibe una mayor frialdad en los contactos comerciales, fuentes del sector señalan que el horizonte de una concesión a 30 años y un plan de inversiones de USD 15.040 millones podrían tener más peso que la coyuntura política actual. AySA es una de las sanitarias más grandes de la región, brindando servicios esenciales a 14 millones de usuarios en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano.





