La conmemoración del quinto aniversario del fallecimiento del célebre escultor chaqueño Fabriciano Gómez, fundador de la Fundación Urunday y alma mater de la Bienal Internacional de Escultura de Resistencia, moviliza una profunda corriente de homenajes y recuerdos en toda la provincia de Chaco para mantener viva su gigantesca herencia artística. Con el propósito de rememorar el plano más íntimo y cotidiano del artista, su amigo cercano y encargado del taller de restauración de la Fundación Urunday, Ceferino Ferreyra, compartió en Radio Facundo Quiroga sus vivencias y recuerdos. Al recordar con profunda emoción el inicio de su estrecha relación laboral y personal junto al maestro del cincel, valoró: "Tuve el privilegio de caminar un par de años a la par de él y conocer un poquito su historia, su vida, su vivencia y sus gustos". Asimismo, al reflexionar sobre la importancia de sostener la memoria de las grandes personalidades que moldearon la identidad cultural de la capital chaqueña, enfatizó: "Nadie muere hasta que no se olvida y esta es la manera de tenerlo vivo, presente siempre a cada día y en cada momento". Al detallar cómo la figura del escultor sigue guiando de forma constante cada una de las decisiones operativas dentro de la fundación, describió: "Cada intervención y trabajo que iniciamos, pensamos en su aparición repentina con esa forma inteligente que tenía de mirar y decir ‘esto hay que mejorar así y hay que hacerlo así’; la verdad que se extrañan esas palabras de aliento que siempre tenía".
La preservación del legado de Gómez se traduce hoy en un tierno y riguroso ritual diario de mantenimiento que se desarrolla en su antigua vivienda de la calle Mitre, hoy convertida en casa museo donde descansan sus cenizas. Al rememorar la entrañable rutina que realiza cada jornada al finalizar sus tareas en el taller de restauración, Ferreyra relató: "Todos los días voy a regarle las plantas, a limpiar el patio. Voy a la casa un rato, le saludo como todos los días y hasta siento que me está saludando; todo obvio desde lo espiritual y bueno". Del mismo modo, conmovedido al recordar la estrecha y paternal relación telefónica que mantuvieron durante los meses de aislamiento preventivo por la pandemia, rememoró: "Cenábamos a través de la distancia a las 2 o 3 de la mañana porque me llamaba para compartir lo que estaba haciendo en su casa, en su taller, y a través de videollamada poníamos el teléfono en la mesa y almorzábamos". Por último, al compartir el profundo consuelo espiritual que le produce cuidar las flores y las obras del gran referente del arte público chaqueño, concluyó: "Cuando quiero sentir un poquito de tranquilidad de la casa, me siento en la escalera del departamento que tiene atrás y escucho el trinar de los pájaros. Veo el jardín y las obras que dejó, a mí eso me satisface un montón y me llena el alma".
Este artículo fue creado a partir de una entrevista en vivo. Las personas mencionadas y/o involucradas en el mismo tienen su correspondiente derecho a réplica que puede coordinarse comunicándose a la producción al número 362 481-5204.





