Desde sus comienzos como vedette y actriz hasta el actual furor por su serie biográfica, la diva pasó por todos los roles imaginables en la pantalla chica sin necesidad de pedir permiso para ocupar su lugar.
Tras sus primeros pasos junto a Olmedo y Porcel, su debut como conductora llegó en 1983 con El club privado de Moria en Canal 9, ciclo que luego se transformó en el exitoso Monumental Moria. Sin embargo, el programa que marcó un quiebre absoluto fue A la cama con Moria en 1991, donde desafió los límites de la época entrevistando a personalidades de la política y el espectáculo desde una enorme cama matrimonial.
El camino de la diva también estuvo plagado de polémicas y choques con la censura, como ocurrió con el programa Juegos nocturnos en 1992. Este ciclo tuvo una sola emisión y fue levantado de inmediato por el COMFER debido a un osado sketch con secretarias en topless y una performance en una bañera, lo que forzó a Moria a emigrar temporalmente a la televisión de Chile.
Su regreso a la ficción local fue igual de impactante en 1993 con el unitario Con pecado concebidas, donde interpretó a una fugitiva disfrazada de monja junto a Nora Cárpena y María Valenzuela. A pesar de los fuertes reclamos de la Iglesia para que el programa fuera cancelado, la ficción se convirtió en lo más visto del año y le valió a "La One" un premio Martín Fierro como mejor actriz de comedia.
Hacia fines de los años 90, Moria reinventó el género del talk show con Amor y Moria e inmortalizó su célebre frase "Si querés llorar, llorá". Tras consolidarse durante más de una década como la figura central y más picante del jurado de Bailando por un sueño, hoy sigue plenamente vigente liderando cada día La mañana con Moria por la pantalla de El Trece.





