Clara explicó que su interés por estas disciplinas no fue casual, sino el resultado de buscar respuestas ante las dificultades humanas que todos enfrentamos, destacando la importancia de gestionar las emociones para navegar las crisis cotidianas.
El verdadero motor de su carrera fue su primer hijo, quien nació hace 41 años con una condición física compleja conocida como pie bot bilateral. En una época con pocos recursos médicos y sociales, Clara debió enfrentar el desafío de criar a un niño con discapacidad desde una edad muy temprana, una experiencia que la marcó profundamente al entender que "a veces el amor no te alcanza" para resolver situaciones que requieren herramientas emocionales y técnicas específicas.
Además enfatizó que el dolor y la incertidumbre la llevaron a buscar ayuda y a comprender el valor de la comunidad, especialmente entre mujeres que atravesaban situaciones similares. Para ella, la soledad es uno de los mayores obstáculos, por lo que recalca que el apoyo mutuo es una pieza clave en cualquier proceso de sanación: "Entendí que las redes son superimportantes, porque podés estar en silencio al lado de una persona".
Clara también advierte sobre los riesgos de lo que denomina una "sociedad evitativa", señalando que hoy las personas tienden a "correr" o elegir la huida ante la primera señal de dificultad. Según la especialista, el hábito de ofenderse rápidamente funciona como una estrategia para evadir conversaciones incómodas y evitar compromisos profundos con los demás. Para Clara, es fundamental aceptar que "la vida es incómoda" y entender que el verdadero crecimiento personal surge de la capacidad de permanecer y aprender de esas situaciones complejas en lugar de simplemente escapar de ellas.
Actualmente, aplica su sabiduría en el acompañamiento de personas con adicciones en la Casa Convivencial Papa Francisco, donde trabaja en la reconstrucción de la identidad y el amor propio de los internos. Clara sostiene que la recuperación es un proceso que no se detiene y que requiere una mirada honesta hacia uno mismo, afirmando que "la autoestima es saber quién soy, reconocerme con errores" y límites.
Finalmente, dejó una reflexión sobre el aprendizaje constante y la madurez emocional, señalando que el crecimiento no depende simplemente de los años acumulados. Con una mirada crítica sobre la evolución humana, concluyó que la verdadera sabiduría nace de la introspección y no del tiempo, pues "la edad biológica no te hace sabio"; lo fundamental es la voluntad de seguir transformándose día a día.





