Este nuevo episodio puso en evidencia la fragilidad del sistema metropolitano, donde los usuarios quedan atrapados en un conflicto financiero que involucra a empresarios, trabajadores y al Estado.
El servicio de transporte público en el Gran Resistencia se normalizó de manera paulatina tras un viernes por la mañana sin colectivos. La medida de fuerza, adoptada por los choferes ante el incumplimiento del pago del 50% de la primera cuota del medio aguinaldo, se levantó tras la acreditación del dinero en las cuentas de los trabajadores.
Pese a la reactivación del servicio, las empresas advierten que la crisis económica de fondo persiste. Los referentes del sector señalan que enfrentan una situación crítica debido a la escalada del precio del combustible, el incremento de los costos operativos y una constante caída en la cantidad de pasajeros.
Actualmente, el Gobierno provincial mantiene negociaciones abiertas con las empresas para buscar una salida definitiva y evitar nuevos paros. Uno de los puntos urgentes de la agenda es restablecer los recorridos de las líneas 2 y 106 BC, que ya cumplen un mes sin prestar servicio por falta de rentabilidad y unidades.
Como herramienta para acelerar soluciones, las autoridades evalúan la posibilidad de declarar la emergencia en el transporte. Esta medida facilitaría la incorporación de nuevos operadores que cubran los ramales abandonados, en un intento por dar previsibilidad a un sistema que hoy genera una profunda incertidumbre en la comunidad.







