Antonella explicó que su labor se enfoca en aquellos que han perdido el sentido de su vida y el apoyo de su entorno: "Nosotros ayudamos al que está perdido en las calles a través del consumo".
Por su parte, Adrián compartió su testimonio personal sobre cómo el consumo de sustancias lo llevó a abandonar una carrera como soldado voluntario antes de encontrar su recuperación a través de la fe. Tras diez años de proceso, destacó que su motor principal fue el encuentro espiritual, afirmando: "La salida que tuve fue Cristo, aceptar a Dios y realizarme de esa manera como persona".
La pareja también hizo hincapié en la importancia de que las familias dejen de "tapar" la adicción y aprendan a establecer límites firmes para favorecer el proceso de cambio. Al respecto, Antonella fue contundente sobre la responsabilidad del entorno: "El cambio empieza en la familia. Si la familia no cambia, el adicto no va a cambiar".
Finalmente, Adrián definió la rehabilitación no solo como el abandono de una sustancia, sino como un proceso profundo de autodescubrimiento y servicio al prójimo. Con la convicción de que el acompañamiento constante es la clave para sostenerse en el tiempo. Para finalizar, envió un mensaje para quienes buscan ayuda: "Se puede cambiar, se puede salir de esa situación".





