Uruguay aplicó la primera eutanasia de su historia a una paciente con cáncer terminal

Una mujer de 69 años se convirtió en la primera persona en acceder legalmente al derecho a la muerte digna bajo un estricto protocolo que consolida el perfil vanguardista del país vecino en materia de legislación social.
23 de mayo 2026, 9:48hs

La República Oriental del Uruguay reafirmó su histórica tradición de laicidad y ampliación de derechos civiles al materializar el primer procedimiento oficial de eutanasia dentro de su sistema de salud pública y privada. El acontecimiento de enorme repercusión institucional se concretó un mes después de haber entrado en vigencia la reglamentación técnica y los protocolos médicos derivados de la ley aprobada por el Poder Legislativo durante el período parlamentario pasado. De esta manera el Estado uruguayo se consolida como una referencia jurídica para el continente americano incorporando esta normativa a un cuerpo legal preexistente que ya incluye la regulación del cannabis, la interrupción voluntaria del embarazo y el matrimonio igualitario.

El caso testigo involucró a una ciudadana de sesenta y nueve años que padecía una patología oncológica en fase terminal y que había iniciado formalmente los trámites administrativos ante los comités de bioética médica inmediatamente después de la publicación de las guías sanitarias. La confirmación del deceso por parte de las autoridades del Colegio Médico uruguayo generó manifestaciones de profunda emoción entre los activistas de los derechos humanos y los legisladores que redactaron el texto original. La aplicación efectiva de la norma ubica al país dentro de un selecto grupo de naciones occidentales que validan la muerte asistida entre las que sobresalen los reinos de España y los Países Bajos.

Al evaluar la trascendencia ética de la jornada y el impacto que representa para la autonomía individual de los pacientes frente al dolor físico irreversible uno de los principales impulsores del proyecto en la Cámara de Representantes destacó la libertad de elección del ciudadano. En un contacto directo con las agencias de noticias el diputado oficialista Federico Preve valoró el amparo estatal brindado a la familia de la paciente: “Esta persona pudo decidir morir con tranquilidad, pudo decidir fallecer según sus propias convicciones”. Los colectivos civiles agrupados en la organización Empatía celebraron que la legislación se haya transformado en una herramienta concreta para garantizar una muerte digna.

El andamiaje legal diseñado por el Parlamento uruguayo establece requisitos sumamente rigurosos para evitar abusos institucionales determinando que el solicitante debe ser mayor de edad, poseer ciudadanía o residencia permanente y encontrarse en pleno uso de sus facultades psíquicas. El protocolo médico estipula que el afectado debe realizar la petición de manera autónoma ante su profesional de cabecera quien dispone de un plazo máximo de setenta y dos horas para dictaminar sobre la viabilidad del cuadro clínico. El proceso exige de forma obligatoria la intervención de un segundo especialista independiente y faculta al paciente a revocar su consentimiento en cualquier instancia del tratamiento sin necesidad de brindar justificaciones.

La puesta en marcha de la agenda de muerte asistida despertó severas objeciones por parte de las autoridades de la Conferencia Episcopal del Uruguay y de diversos sectores políticos conservadores quienes consideran que la medida debilita la protección del derecho a la vida desde la concepción. A pesar de las controversias doctrinarias y las impugnaciones filosóficas los ministerios sanitarios continuarán monitoreando la provisión de las drogas específicas en todos los efectores de salud del territorio para asegurar el cumplimiento del cronograma legal. Los defensores de la reforma auguran que el modelo uruguayo servirá de plataforma de debate para las legislaturas de otros países de la región que discuten iniciativas similares.

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