Arminda contó cómo descubrió el consumo cuando el joven era menor de edad y el duro camino que recorrió para entender su propio rol como co-adicta dentro de la dinámica familiar.
A su preocupación constante se sumó el fallecimiento de su hijo mayor hace solo cuatro meses, un golpe que calificó como un "doble dolor" debido a que él era su principal apoyo para poner límites en el hogar. Sobre su agotamiento emocional, Arminda confesó: “Me siento que estoy muy cansada, muy triste por verlo a él mal y no tenerlo a mi otro hijo”.
Durante la charla, recordó haber ingresado en barrios peligrosos durante la madrugada para rescatar a Nicolás o recuperar pertenencias robadas, poniendo en riesgo su propia seguridad. No obstante, destacó que el aprendizaje en los grupos de padres cambió su forma de comunicarse: “Aprendí a hablar con él, no enojarme tanto como antes, gritándole no se logra nada”.
Finalmente, esta gran madre instó a otras familias a no transitar esta problemática en soledad y a buscar ayuda profesional o espiritual de manera inmediata. Con la esperanza de que su hijo logre una transformación definitiva, concluyó con un mensaje de aliento: “No hay que bajar los brazos porque se puede vivir un poco mejor que quedándose a que las cosas se acomoden solas”.





