La continuidad de Manuel Adorni como jefe de Gabinete pende de un hilo ante las crecientes críticas internas y externas por su incremento patrimonial. Lo que comenzó como un silencio incómodo se transformó en cuestionamientos públicos de aliados del PRO y la UCR, quienes consideran su situación "insostenible" y le exigen explicaciones claras ante la Justicia.
En este escenario, Karina Milei tomó las riendas de la gestión política, desplazando la figura del vocero para apurar acuerdos directos con los gobernadores. El objetivo de la secretaria general es unificar estrategias para adelantar elecciones provinciales y evitar que una seguidilla de triunfos opositores empañe el camino hacia la reelección del presidente.
Puertas adentro de la Casa Rosada, se rumorea que Adorni se jugará su "última bala" en la sesión informativa del 29 de abril. Aunque el funcionario mantiene formalmente su firma, su rol como interlocutor se ha diluido, al punto de ser el gran ausente en reuniones políticas claves encabezadas por Karina Milei y Patricia Bullrich.
En el plano económico, la gestión enfrenta una dualidad: mientras la inflación muestra una desaceleración proyectada para abril, la "microeconomía" golpea con dureza. El cierre de miles de empresas, la caída del salario real y la crisis en los pagos del PAMI han generado un deterioro en la imagen presidencial, que ya toca pisos de aprobación cercanos al 36%.
Finalmente, este clima de incertidumbre ha permitido el repunte de figuras opositoras como Axel Kicillof y Myriam Bregman en los últimos sondeos de imagen. Ante este panorama, el Gobierno intenta blindar su rumbo apelando a acuerdos pragmáticos con mandatarios provinciales, priorizando la supervivencia política frente a las urgencias cotidianas que marcan el ritmo oficial.





