Cada 5 de septiembre se conmemora en muchos países el Día Mundial del Hermano, una jornada que invita a rendir homenaje a quienes comparten nuestra vida desde la infancia y representan uno de los vínculos familiares más cercanos. En Argentina, en cambio, la efeméride se celebra el 4 de marzo.
El origen de esta fecha está vinculado a la Madre Teresa de Calcuta, fallecida un 5 de septiembre, quien dedicó su vida a obras sociales en favor de los más necesitados y fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad en 1950. Su legado inspiró que esta jornada se asocie a la hermandad como valor universal.
Si bien el festejo suele centrarse en los hermanos de sangre o de crianza, también se extiende a las relaciones de fraternidad espiritual y a los lazos de solidaridad y afecto que trascienden el parentesco. En ese sentido, la fecha propone reflexionar sobre la unión y el acompañamiento mutuo en diferentes ámbitos de la vida.
A lo largo de la historia, la hermandad fue interpretada como una de las conexiones emocionales más significativas en la formación y el bienestar de las personas. Muchas culturas entienden que crecer junto a un hermano implica compartir experiencias, aprendizajes y apoyo incondicional en cada etapa de la vida.
Además de la reflexión, la fecha suele celebrarse con gestos de cariño y expresiones simbólicas, como compartir recuerdos, dedicar frases alusivas o incluso ver películas que tienen a los hermanos como protagonistas, reforzando así la importancia de este lazo único y trascendente.





