Argentina enfrenta un flagelo creciente y silencioso: la manipulación emocional y el acoso digital que afecta a niños y adolescentes. Este fenómeno, comparado con el "grooming", avanza en escuelas, hogares, viajes y reuniones, obligando a los padres a mantener una vigilancia constante. Muchos padres, aunque conscientes de la problemática, prefieren no abordar el tema abiertamente, lo que permite que se propague sin ser confrontada.
Un caso revelador es el de Lucio, un niño de 12 años, quien fue víctima de extorsión tras perder dinero en un casino online. Los responsables, quienes se presentaron como "cajeros" con "jefes" y un negocio supuestamente legal, le exigieron una deuda de 5.000 dólares. Ante su incapacidad de pago, lo amenazaron con crear un perfil falso en redes sociales y publicar mentiras sobre él, lo cual llegaron a ejecutar, intensificando la presión y el miedo en el menor.
La psicóloga Lucrecia Morgan, especializada en adolescentes, destaca que los chicos son captados, presionados y amenazados, y muchos sienten que no pueden contárselo a nadie debido al altísimo nivel de manipulación emocional. En el caso de Lucio, a pesar de que sus padres consideraron denunciar, un abogado les advirtió sobre la experiencia "muy violenta" que implicaría para el niño declarar, dejando una persistente sensación de impunidad.
El abogado Víctor Portillo, experto en cibercrimen, subraya la importancia de denunciar, incluso si los menores involucrados no son imputables. La justicia puede actuar contra las redes de adultos que captan a estos "cajeros", y las denuncias pueden presentarse en fiscalías, juzgados o comisarías, aunque los menores serán citados a declarar. Esta acción es crucial para desmantelar las estructuras criminales detrás de estos engaños.
La familia de Lucio, mientras él continúa en tratamiento, trabaja en reconstruir la confianza. Su experiencia les enseñó que la clave fundamental es el diálogo. Aconsejan a otros padres hablar con sus hijos, mostrarles los riesgos de estos peligros digitales, consultar a profesionales y nunca mirar para otro lado. Es fundamental intervenir si se sabe que un chico apuesta, hablando con sus padres, para evitar desenlaces trágicos y asegurar el bienestar de los menores.





