Según el informe de UNICEF Argentina, la cantidad de niños y adolescentes en hogares pobres se redujo de 6,3 millones en 2024 a 5,1 millones al cierre del año pasado.
A pesar de este descenso, el 9,4% de los menores aún vive en la indigencia, una cifra que sería seis puntos mayor si no fuera por el impacto de las transferencias monetarias del Estado. La vulnerabilidad extrema se concentra en hogares con bajo nivel educativo, donde la pobreza llega al 68%, y escala al 74,8% cuando el adulto de referencia está desocupado.
El estudio también revela que el género del sostén del hogar es determinante: cuando una mujer es la única responsable, la pobreza afecta al 52,8% de los chicos. Además, la difícil situación económica ha llevado a que siete de cada diez hogares con niños deban recurrir a estrategias de emergencia para subsistir, como el endeudamiento, el "fiado" o la venta de pertenencias.
Más allá de los ingresos, el 42,8% de los niños sufre al menos una privación de derechos básicos, como el acceso a agua, vivienda digna o educación. Estas cifras confirman que la pobreza golpea con mucha más fuerza a la infancia (42,3%) que al resto de la población general, que registró un índice del 28,2% en el mismo periodo.
Finalmente, UNICEF advierte que este alivio podría ser pasajero debido a que la recuperación económica aún no se ha consolidado. Para el primer semestre de 2026, las proyecciones del organismo anticipan un retroceso, con un posible aumento de la pobreza infantil que podría volver a subir hasta el 44,4%.





