Actualmente desempeña su labor en la Fundación Alejandra Báez en Fontana, donde busca transformar la realidad de jóvenes que, al igual que su progenitor, carecen de contención. Sobre su vocación destacó: “ser hoy una profesional que pueda brindar ese lugar de escucha, a mí me llena completamente”.
María Itatí explicó que la adicción es una problemática compleja que va más allá de la sustancia, involucra factores sociales, económicos y familiares que deben abordarse desde la raíz. "Es vital entender que el cerebro de la persona está enfermo y que el consumo gobierna sus acciones, eliminando muchas veces la noción del daño que causan a sus seres queridos". Al respecto, señaló que para quienes están en consumo “su cerebro está tan enfermo, que ya no ven todas esas cosas que están alrededor, sino que ven el llegar a cumplir su objetivo: el consumir”.
También hizo hincapié en la vulnerabilidad de las mujeres, quienes enfrentan barreras adicionales como la vergüenza o el temor a perder la tenencia de sus hijos, lo que dificulta que pidan ayuda. Además, advirtió sobre el vínculo constante entre las adicciones y las distintas formas de violencia, ya sea física o psicológica, dentro del entorno familiar. María Itatí enfatizó la necesidad de una mirada empática en la intervención, afirmando que “donde hay consumo, hay cualquier tipo de violencia, incluso hasta económica”.
Finalmente, envió un mensaje de esperanza a las familias que sufren por el consumo de un ser querido, alentándolas a no rendirse y a buscar redes de apoyo profesional. Aseguró que, aunque el camino es difícil y requiere de mucha paciencia, la recuperación de los vínculos y de la vida es posible con el acompañamiento adecuado.





