Conmovida por la noticia, Marina pidió abordar el tema con seriedad y conocimiento, alejándose de las opiniones ligeras para centrarse en la crisis de fondo que atraviesa la juventud desde su rol como especialista en salud mental.
La especialista fue enfática al describir el panorama social actual como una situación de urgencia que suele ser ignorada por el dolor que genera aceptarla. “Nuestra sociedad está enferma de salud mental; tenemos una emergencia y la violencia no es más que uno de los síntomas de este problema tan grave”, sentenció Charpentier, comparando la falta de atención psíquica con una pandemia silenciosa que atraviesa a niños y adultos de manera brutal.
Uno de los puntos centrales de su análisis fue la necesidad de reformar el sistema educativo para incluir la gestión de las emociones desde temprana edad, permitiendo detectar alertas como la autoflagelación que no siempre son vistas por los docentes. Al cuestionar la currícula actual, remarcó con claridad: “Los chicos pueden googlear lo que quieran, pero no pueden googlear qué es sentirse triste, qué es tener dolor o ansiedad”.
Para finalizar, advirtió sobre la falta de infraestructura —señalando que faltan cuatro de cada diez camas psiquiátricas necesarias— y la responsabilidad colectiva ante el fracaso de los sistemas de contención. “Todos nosotros nos tenemos que preguntar ¿yo qué tengo que ver con esto?”, concluyó, haciendo un llamado a dejar de buscar culpables aislados y empezar a trabajar de manera conjunta entre la salud, la educación y la justicia para evitar que estas tragedias sigan creciendo.





