Procrastinación o el hábito de "patear para más tarde", el análisis desde la Neuropsicología

La neuropsicología revela que el hábito de "patear" tareas no es pereza ni falta de voluntad, sino una dificultad para gestionar las emociones negativas que nos genera el deber. Nota de Mitre Resistencia
20 de enero 2026, 17:51hs

En una reciente entrevista, la Dra. Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de Fleming e investigadora del CONICET, desmitificó uno de los comportamientos más comunes y frustrantes de la vida moderna: la procrastinación. Lejos de ser un simple problema de gestión del tiempo o falta de disciplina, la ciencia hoy entiende que postergar tareas prioritarias es, en esencia, un mecanismo de defensa emocional.

"Durante mucho tiempo se pensó que tenía que ver con la pereza", explicó la especialista. Sin embargo, la investigación actual demuestra que procrastinamos aquellas tareas que percibimos como desafiantes o difíciles porque nos despiertan emociones incómodas, como la ansiedad, el temor al fracaso o la incertidumbre. Para obtener un alivio inmediato, el cerebro nos impulsa a refugiarnos en actividades más sencillas o placenteras (como limpiar la casa o mirar redes sociales), aunque no sean urgentes.

El peso de la autoexigencia
Un punto clave que destacó la Dra. Crivelli es la relación entre la procrastinación y el perfeccionismo desadaptativo. A diferencia del perfeccionista que logra buenos resultados, el "desadaptativo" ejerce una autocrítica tan feroz que termina lesionando su propia autoestima. "Te criticas tanto que el estrés sube y el rendimiento baja", señaló. Al sentir que el resultado nunca será lo suficientemente bueno, la persona entra en un círculo vicioso: posterga para no enfrentar la angustia, lo que genera culpa, y esa misma culpa le impide retomar la tarea.

Si bien existe una predisposición biológica ligada al desarrollo del lóbulo frontal —el área encargada de organizar secuencias y controlar impulsos—, la historia personal y el entorno también juegan un rol fundamental. La tarea no es difícil por sí misma, sino por la carga emocional que le asignamos.

Herramientas para el cambio
Para combatir este patrón, la neuropsicóloga recomendó abordar el problema desde dos frentes:

  • Técnicas de gestión del tiempo: Una de las más efectivas es el Método Pomodoro, que consiste en trabajar en bloques de 25 minutos con descansos de 5 minutos. Esto ayuda a que el cerebro perciba la tarea como algo alcanzable y menos abrumador.

  • Regulación emocional: El uso del Mindfulness (atención plena) es una herramienta poderosa para situar al individuo en el presente. Al concentrarse en lo que se está haciendo en el momento, se reduce la ansiedad por el futuro o el miedo al resultado final.

La clave, según Crivelli, no es castigarse por postergar, sino aprender a gestionar lo que sentimos frente a las obligaciones. Dividir los grandes objetivos en partes pequeñas y realistas es el primer paso para domar al cerebro y convertir la intención en acción.

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