Oficio y pasión: la verdadera misión de los "Taxi-Dancers" en las milongas porteñas

14 de julio 2025, 17:03hs

Los "taxi-dancers" son bailarines profesionales contratados por turistas extranjeras con un único propósito: bailar tango. Su trabajo consiste en ser un compañero de baile dedicado durante la velada, ofreciendo una experiencia exclusiva y una enseñanza práctica del dos por cuatro en las milongas porteñas. Es importante destacar que, a pesar de posibles equívocos, su ocupación se limita estrictamente a la danza y no tiene ninguna connotación sexual, una distinción que Horacio Lobo, Nahuel Guzmán y Javier Silva, tres de estos bailarines, enfatizan firmemente.

Estos profesionales, quienes rondan los treinta años y provienen de diversos lugares como Carmen de Patagones, Mar del Plata y Bogotá, se toman su labor con gran seriedad. Su habilidad principal radica en "llevar" a su compañera por la pista sin importar su estatura, contextura física o nivel de destreza, asegurando que la dama disfrute de la experiencia y no "planche" (quedarse sin bailar). La duración típica de esta tarea es de aproximadamente tres horas.

Para los "taxi-dancers", el término no les molesta, a diferencia de "acompañante", que les parece "mucho peor". Nahuel Guzmán explicó que ser llamado "acompañante" mientras baila con señoras que le llevan treinta o cuarenta años sería "feo". Ellos aseguran que las turistas tienen claro a qué vienen: "No quieren conocer las Cataratas del Iguazú, quieren bailar tango".

La experiencia de ser un "taxi-dancer" es descrita como gratificante por quienes la ejercen. Horacio Lobo afirma que es "muy bueno este oficio: trabajás de lo que te gusta, conocés muchas personas diferentes y lográs que alguien lo pase bien". Javier Silva añade que la relación que se establece es a través del baile, buscando que la persona experimente una linda sensación, incluso si tiene dificultades, llevándola con un "lindo abrazo".

Los bailarines coinciden en que las turistas que buscan esta experiencia suelen llegar "con buena energía y otra sensibilidad". A pesar de que pueda ser una tarea que en ocasiones genere cansancio, la satisfacción de hacer lo que les gusta y de compartir la cultura del tango con personas de todo el mundo es inmensa. Los tres entrevistados son tajantes al afirmar que la relación con sus clientas "jamás" se fue más allá de la pista de baile.

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