Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta patología afecta aproximadamente al 10% de las mujeres y niñas en edad reproductiva a nivel global, lo que equivale a más de 190 millones de personas en todo el mundo.
La endometriosis se caracteriza por la presencia de tejido endometrial fuera del útero, lo que provoca síntomas que van desde el dolor pélvico crónico hasta hemorragias intensas, fatiga, náuseas y ansiedad. Debido a que sus señales suelen confundirse con los dolores menstruales comunes, es descrita como una "patología silenciosa" cuya detección temprana resulta sumamente compleja.
Uno de los mayores problemas es el diagnóstico tardío, ya que las pacientes pueden demorar entre siete y diez años en recibir una confirmación sobre su estado de salud. En muchos casos, las mujeres descubren que padecen esta afección recién cuando acuden al médico al no lograr quedar embarazadas, debido a que la enfermedad genera formaciones fibrosas que dificultan la fertilidad.
Si bien la endometriosis no posee cura, existen diversos tratamientos para mitigar el dolor y evitar complicaciones, que incluyen fármacos analgésicos, métodos anticonceptivos hormonales o intervenciones quirúrgicas laparoscópicas. Dependiendo de la gravedad y ubicación de las lesiones, la afección puede clasificarse como superficial, quística de ovario o profunda, llegando a afectar incluso al intestino o la vejiga.
A pesar de los desafíos físicos y emocionales, las estadísticas son alentadoras respecto a la maternidad: se estima que entre el 50% y el 70% de las mujeres con endometriosis logran un embarazo espontáneo. Por ello, este 14 de marzo el foco está puesto en la circulación de información para que el dolor deje de ser normalizado y las pacientes accedan a una mejor calidad de vida.





