Lo que comenzó como una llamada que los músicos pensaron era una broma, terminó siendo el cumplimiento de una última voluntad de un amante del chamamé en Buenos Aires. Al respecto, Matias recordó: “Eso fue todo sumamente loco porque la persona que había fallecido le gustaba mucho el chamamé y quería una chamameceada en su despedida”.
Durante la ceremonia, los artistas vivieron una transición emocional única, pasando del duelo al festejo por pedido expreso de los familiares del difunto, quienes aseguraron que el hombre era "el alma de la fiesta". Matías explicó que, tras tocar las canciones favoritas del fallecido, el ambiente se transformó: “Al principio toda la gente estaba obviamente llorando hasta que después se fue armando el bailecito y estaban bailando”. La repercusión del video fue tal que terminaron apareciendo en medios nacionales.
Aunque residen en La Matanza, los hermanos Cisneros mantienen vivas sus raíces de Santiago del Estero, herencia que define su identidad musical. Para ellos, el chamamé es un legado familiar transmitido por sus padres, quienes también formaron parte de conjuntos del género. “Somos todos hijos de Santiago y de ahí nos inculcaron la música y empezamos a meternos en el chamamé”. Actualmente, la banda recorre el sur argentino, observando cómo las tradiciones y el sapukay varían según la región.
Con la mirada puesta en el futuro, el grupo sueña con pisar los grandes escenarios del litoral, a pesar del respeto que les impone el público tradicionalista de Corrientes. Matías y Ema confesaron que participar en la máxima celebración del género es su próximo gran anhelo: “Estaría muy lindo, sería otra meta cumplida para la banda llegar a ese hermoso escenario”. Mientras tanto, continúan explorando las distintas ramas del ritmo y compartiendo su "chamamé enganchado" con seguidores de todo el país.






