Libre exportación y deudas arrastradas: la crítica situación de las pymes argentinas

El economista Gustavo Lázzari advirtió que muchas empresas nacionales arrastran deudas críticas y necesitan una reestructuración urgente para sobrevivir.
14 de febrero 2026, 17:54hs

“La apertura le viene antes que la baja de costos a muchas empresas y así no llegan”, sostuvo el economista y empresario pyme Gustavo Lázzari, al describir el nuevo esquema económico que atraviesa la Argentina. Según planteó, la transición hacia una macro más estable y abierta expone a un tercio de las pymes a una reestructuración urgente por falta de financiamiento y arrastre de deudas.

Mientras la macroeconomía muestra señales de orden -acumulación de reservas y dólar en retroceso-, Lázzari explicó que en la actividad real el impacto es desigual. En su sector, el de los chacinados, afirmó que el contexto es particular: “Estamos con una suerte de revolución de las carnes liderada por la carne vacuna que empieza a contar negocios a partir de la anulación de prohibiciones. A medida que se permiten los mercados en el mundo, la carne vacuna está escaseando y Argentina volvió a ser un gran protagonista”.

Indicó que ese fenómeno también dinamiza otras proteínas. “Como las carnes se sustituyen, el corte que se va al exterior es reemplazado adentro por cerdo o pollo y también en parte por chacinados”, detalló. En ese marco, aseguró haber registrado un crecimiento cercano al 4% interanual. “Es un buen año dentro de lo que es un buen año en condiciones de estabilidad y apertura. Son crecimientos moderados, pero todo signo positivo hoy es festejable”, afirmó.

A nivel general, sin embargo, describió una economía “amesetada” y con rentabilidades más bajas. “Está cambiando la macro, tiende a la estabilidad y a la apertura, a más competitividad y más formalidad. Pero los márgenes se reducen y los plazos de amortización de las inversiones se alargan. Es un nuevo esquema. Ya no es negocio el stock, es negocio rotar”, explicó.

En ese escenario, diferenció tres grupos de empresas: las que deciden cerrar y dedicarse a importar; las que llegan saneadas y pueden adaptarse; y un amplio conjunto que arrastra problemas financieros. “Si antes facturabas 100, tenías un costo de 80 y con 20 pagabas el pasado, hoy facturás 100, tenés un costo de 95 y con cinco no te alcanza. Esa empresa necesita una reestructuración urgente”, señaló.

Además, estimó que entre empresas “rotas y averiadas” podrían representar un tercio del total de pymes. “Cuando ves que hay 341.000 planes de pago y aumentan los cheques rechazados, entendés que hay un universo grande con problemas de financiamiento”, sostuvo. Y añadió: “Si vas a un banco y pedís reestructurar a diez años, te dicen que no tienen ese instrumento”.

Respecto de la reforma laboral, consideró que el eje central debería ser la reducción de la litigiosidad. “Está diseñada para bajar la litigiosidad, que es muy importante. Se metieron un montón de otros temas al cohete”, afirmó. Además, vinculó la informalidad con la presión tributaria: “La informalidad laboral es hija del tamaño del impuesto. Cuando la carga sobre el salario supera largamente el 100%, es razonable que alguna pyme no pueda pagar”.

Sobre el consumo interno, descartó que pueda reactivarse a partir de aumentos salariales impulsados por decreto. “El consumo no va a aumentar por salariazos. Los salarios más generosos son hijos de la inversión”, aseguró. En su visión, el repunte llegará cuando nuevas inversiones privadas generen empleo y encadenamientos productivos. “Yo contrato un albañil para ampliar una fábrica y ese albañil se convierte en motor de consumo. Pero arrancó en la inversión privada”, ejemplificó.

Finalmente, remarcó que el resultado dependerá de la coordinación entre apertura económica, baja de impuestos y modernización empresarial. “Necesitamos que los tres trenes caminen a la vez. Sin confianza política, el motor privado no arranca nunca”, concluyó.

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