La era de la desinformación: WhatsApp o Telegram usadas para crear confusión de forma masiva

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Nuestro mundo está más que conectado, hiperconectado. Nunca como hoy los seres humanos tuvimos tanta información a nuestro alcance ni una tecnología tan asequible para intercambiarla. Pero bajo ese panorama utópico se esconden también amenazas reales y bien presentes para las democracias como la desinformación, el ciberpopulismo y el cibercontrol.

En los últimos tiempos ha crecido una amenaza de la que los ciudadanos de a pie tienen más difícil escapar: las fake news, los bulos de toda la vida, presentes no solo en el teléfono móvil vía redes sociales y sitios web, sino que han cobrado importancia creciente como arma estratégica en manos de las llamadas “cibertropas”.

Aunque la propaganda y la manipulación informativa son tan antiguas como la guerra y la política, el desarrollo de las nuevas tecnologías, la democratización de internet y el ‘Big Data’ han amplificado sus capacidades y sus efectos hasta cotas difícilmente imaginables hace veinte años.

Las superpotencias de antaño son hoy ciberpotencias, y la propaganda ya no se difunde en panfletos o por las ondas, sino que se viraliza en las redes sociales. Este año, China, por ejemplo, habría usado a sus cibertropas para atacar la imagen de los manifestantes de Hong Kong en Twitter (330 millones de usuarios).

70 países sufrieron campañas de desinformación en 2019

La desinformación busca difundir información deliberadamente falsa y generalmente emotiva creada para ser distribuida como arma política y generar relatos que creen discordia y fragmentación social. Ese arma sirve para que “agentes externos” intenten desestabilizar a Estados rivales, pero también la emplean líderes o partidos políticos en el ámbito doméstico para generar confusión, desviar la atención de otros problemas, polarizar y favorecer sus narrativas.

Según un informe de la Universidad de Oxford, en 2019 hubo campañas de desinformación en al menos 70 países -casi el doble que el año pasado, cuando fueron 40- y no todos son países con tintes políticos autoritarios. Con diferentes grados, técnicas, plataformas y periodicidad, en el informe aparecen Rusia, China o Venezuela, pero también democracias liberales consolidadas como Australia, Austria, Alemania, Grecia, España o Corea del Sur.

“En muchos regímenes autoritarios la propaganda computacional se ha convertido en un instrumento para el control de la información que se utiliza estratégicamente en combinación con la vigilancia, la censura, y amenazas de violencia”, señala dicho informe. La estrategia más común de todas a nivel global es la creación de desinformación. Se empleó en 52 de los 70 países examinados. En la mayoría de los países analizados hay al menos un partido político o una agencia del Estado que utiliza las redes sociales para influir en la opinión pública nacional.

“Whatsapp y las otras aplicaciones de mensajería instantánea se han convertido en un elemento de comunicación personal imprescindible para la mayoría de nosotros. El problema es que se está empezando a utilizar por un alto porcentaje de personas para informarse en base a lo que les cuentan sus amigos ahí. Sin embargo, como son redes privadas y encriptadas resulta mucho más difícil que alguien pueda llegar a comprobar la veracidad de las noticias y se convierte en el vehículo ideal para los bulos”, detalla el informe.