El seleccionado nacional, conocido como "Las Kamikazes", alcanzó la gloria en el lago Jarun de Zagreb, Croacia, tras derrotar a Dinamarca en una final vibrante que se definió por 2-1. Bajo la conducción de Leticia Brunati, el equipo logró así la revancha soñada luego de haber caído en la final del último mundial ante Alemania.
El partido decisivo comenzó con un monólogo albiceleste en el primer set, donde las argentinas se impusieron por 20-14 con una ofensiva arrolladora liderada por Gisella Bonomi. Sin embargo, el conjunto danés reaccionó con un categórico 27-14 en el segundo parcial, forzando la definición a los temidos "shoot-outs". En esa instancia de máxima presión, la precisión de Bonomi, Lucila Balsas y Zoe Turnes —elegida como la mejor jugadora del torneo— selló el 6-2 definitivo para desatar los festejos.
Este triunfo histórico permite a la Argentina sumarse al selecto grupo de campeones mundiales, rompiendo una racha de dos títulos consecutivos de las potencias alemanas. Con este logro, el país se posiciona en la elite del deporte junto a naciones como Brasil, España y Rusia, demostrando que el proceso de trabajo de los últimos años ha dado sus frutos más dulces en la arena croata.
La delegación argentina completó una actuación excepcional con el podio obtenido por el seleccionado masculino, que se quedó con la medalla de bronce. Los dirigidos por Sebastián Ferraro vencieron a los anfitriones croatas también en la instancia de shoot-outs, contando con actuaciones destacadas de Francisco Müller y Nahuel Baptista, este último reconocido como el mejor ala izquierdo del certamen.
Con un oro y un bronce, la Argentina cierra su participación mundialista reafirmando que su beach handball está entre los mejores del planeta. Las Kamikazes han escrito un nuevo capítulo dorado para el deporte nacional, transformando su garra característica en un título mundial que quedará grabado para siempre en la historia de la disciplina.





