El fenómeno meteorológico de El Niño se desarrollará con total certeza durante el próximo verano en la Argentina, lo que provocará un marcado incremento en la frecuencia de lluvias prolongadas y jornadas de calor extremo con marcas térmicas que rozarán los 40 grados. Según explicó el geólogo y oceanógrafo Federico Isla, las imágenes térmicas del océano registran temperaturas 2,6 grados por encima de lo normal. Esta condición consolidará un escenario de alta humedad donde el mayor impacto no se dará por tormentas torrenciales aisladas, sino por precipitaciones continuas que irán acumulando volúmenes hídricos en las cuencas bajas del centro y litoral del país.
La acumulación de agua genera preocupación en varios puntos críticos del territorio nacional, especialmente en zonas de disputas hídricas como el río Quinto entre Córdoba y Buenos Aires, la laguna La Picasa en Santa Fe y la laguna de Malargo en Mendoza. Asimismo, las crecidas de los ríos Paraná y Uruguay —impulsadas por caudales récord en las Cataratas del Iguazú— ya provocaron anegamientos en Entre Ríos y amenazan con bajar hacia las cabeceras del Río de la Plata. En Córdoba, aunque no se prevé un riesgo uniforme de inundación urbana, se espera que los principales embalses operen con niveles significativamente superiores a los habituales.
En el plano térmico, el cambio climático y la influencia de El Niño impulsarán el termómetro hacia picos de entre 38 y 39 grados con regularidad en diversas provincias. Ante estas olas de calor, municipios de la Costa Atlántica y polos turísticos evalúan implementar medidas de mitigación urbana, como la instalación de sistemas humidificadores en la vía pública al estilo de varias ciudades europeas. De esta manera, el sector turístico y las comunidades locales deberán adaptarse a una temporada estival que alternará períodos de precipitaciones persistentes con jornadas de temperaturas extremas.
Frente a este diagnóstico, gobiernos provinciales y municipales iniciaron esquemas de coordinación preventiva para mitigar los riesgos hídricos en el marco de las alertas meteorológicas. Entre las prioridades técnicas se destacan el mantenimiento de desagües urbanos y la planificación anticipada para evacuar el ganado en áreas vulnerables como los campos bajos de Villa Paranacito. Además, el monitoreo constante sobre los caudales fluviales busca evitar complicaciones mayores en los cascos urbanos expuestos al avance del agua.
Pese a los desafíos que imponen las inundaciones y el calor, el especialista resaltó que este escenario meteorológico representa un impacto positivo para la actividad agrícola en la pampa seca. El incremento sostenido de la humedad en los suelos favorecerá la productividad del sector agropecuario, permitiendo proyectar cosechas récord de soja, maíz y trigo en regiones golpeadas históricamente por la sequía.





