El mar pide ayuda y ella responde: la historia increíble de la “señora de las algas”

22 de noviembre 2025, 12:05hs

Carola Puracchio vive en Camarones, Chubut, un pueblo que ella misma describe como “en el medio de la nada”, pero desde donde lleva adelante una misión que nació casi por accidente y hoy moviliza su vida entera. Todo comenzó cuando, trabajando de reemplazo en un restorán, tuvo que improvisar platos con algas marinas, un ingrediente familiar en el paisaje pero ajeno a su cocina.

La undaria fue descubierta en 1992 en Puerto Madryn y hoy se extiende desde Río Negro hasta Santa Cruz.

Ese desafío la llevó a conocer la historia de la undaria, un alga japonesa considerada invasora en el mar argentino por desplazar a especies nativas como la macrocystis. Al saber que su presencia afecta la luz que llega al fondo marino y compromete todo el ecosistema, Carola decidió poner manos a la obra desde lo que mejor sabe hacer: cocinar.

Desde hace cinco años cosecha undaria y la convierte en pastas, empanadas, escabeches, buñuelos, tartas, dulces y hasta preparaciones con chocolate, buscando no solo sumar nuevos sabores, sino también reducir la presencia de esta especie exótica. En cada feria repite la misma escena: caras de desconfianza que terminan en sorpresa cuando prueban por primera vez un plato con algas.

Incorporar las algas en las masas y rellenos de pastas fue una de las primeras estrategias de Carola para ganar comensales.

Para impulsar su proyecto creó Amar Algas, la marca con la que elabora conservas y productos que envía a distintos puntos del país, además de ofrecer experiencias de “cocina nómade” que incluyen cosecha y pesca junto al mar. Puracchio insiste en producir desde Camarones pese a las dificultades logísticas, convencida de que su pueblo es su lugar en el mundo.

Hoy, aquella improvisación culinaria es el motor de una cruzada personal que combina gastronomía y conservación. Su objetivo es claro: ayudar a devolverles espacio a los bosques marinos patagónicos y recuperar ese mar azul que recuerda de la infancia, demostrando que la cocina también puede ser una herramienta para proteger el ambiente.

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