El impactante caso de la bebé que sobrevivió 20 días con el corazón de un mono

27 de octubre 2024, 16:30hs

El 14 de octubre de 1984, el Centro Médico de la Universidad de Loma Linda en California presenció un procedimiento sin precedentes: el trasplante del corazón de un mono a una bebé humana, conocida como Baby Fae. Stephanie Fae Beauclair, nombre real de la pequeña, nació con síndrome hipoplásico del ventrículo izquierdo, una malformación congénita que impedía a su corazón funcionar correctamente y que amenazaba con llevarla a una muerte temprana.

Los médicos ofrecieron tres alternativas para intentar salvar a Baby Fae.

Ante la urgencia, el doctor Leonard Lee Bailey, cirujano cardiovascular en Loma Linda, planteó tres opciones a los padres de Baby Fae: una cirugía de reparación de corazón con pocas probabilidades de éxito, dejarla morir o intentar un xenotrasplante experimental, utilizando el corazón de un babuino de tipo sanguíneo AB, a pesar de la incompatibilidad con el tipo O de la bebé. Con el dolor y el riesgo a cuestas, la familia decidió someterla al histórico trasplante en busca de salvar su vida.

El 26 de octubre de 1984, con solo 12 días de vida, Baby Fae fue sometida al histórico trasplante. El corazón que le implantaron pertenecía a un mono cuyo tipo sanguíneo era AB, lo que presentaba una clara incompatibilidad con el tipo sanguíneo O de la bebé.

Durante los primeros días tras la operación, Baby Fae se mantuvo estable y su caso generó una ola de esperanza en el mundo médico y entre el público. Sin embargo, con el tiempo, comenzaron a aparecer signos de rechazo y problemas renales. A pesar de los medicamentos antirrechazo y los esfuerzos de los médicos, el 15 de noviembre de 1984, Baby Fae falleció a los 32 días de vida. La causa fue una insuficiencia renal provocada por la incompatibilidad entre los tipos sanguíneos y los efectos secundarios de los fármacos.

El caso de Baby Fae causó un gran impacto, impulsando el debate ético y científico en torno a los xenotrasplantes. Para algunos, fue un fracaso médico; para otros, una hazaña innovadora que ayudó a avanzar en la investigación de trasplantes pediátricos. Bailey, quien años después lograría realizar el primer trasplante exitoso de un corazón humano en un bebé, reconoció que la falta de compatibilidad sanguínea fue un error que siempre los marcaría.

Décadas después, la ciencia continúa explorando la posibilidad de trasplantes de órganos animales, como riñones y corazones de cerdos modificados genéticamente. Sin embargo, los retos éticos y las preocupaciones de organizaciones animalistas siguen siendo temas controvertidos, cuestionando los límites de estos avances médicos y el costo para la vida animal en nombre de la supervivencia humana.

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