Tras la igualdad sin goles frente a Platense, el equipo dejó más dudas que certezas, convirtiendo al próximo clásico en un "partido bisagra" que determinará la continuidad o la salida del entrenador.
La dirigencia xeneize mostró su preocupación por la falta de identidad del equipo y la ausencia de una formación estable acorde a la historia del club. Con la Copa Libertadores en el horizonte cercano, el margen de error se ha agotado, y ya se barajan nombres como Cristian "Kily" González o Rubén Insúa para una posible sucesión.
A la crisis de resultados se suma una preocupante situación en la enfermería del club. El mediocampista Leandro Paredes es una incógnita para el viernes por un esguince de tobillo, mientras que Santiago Ascacibar también encendió las alarmas por molestias físicas, agravando la crisis en un sector del campo que ya sufre la baja de Rodrigo Battaglia.
Para intentar revertir el presente, Boca aceleró las negociaciones por el delantero paraguayo Adam Bareiro. El club ofreció 3 millones de dólares a Fortaleza para concretar su desembarco antes del viernes 20 de febrero, aprovechando el cupo extraordinario otorgado por la grave lesión de Battaglia.
El duelo de este viernes será decisivo, ya que el entrenador se juega su permanencia definitiva en el cargo. Para Úbeda, el escenario es ganar o despedirse, mientras que para la institución representa la oportunidad de encontrar el rumbo o enfrentar una crisis profunda antes de sus grandes objetivos anuales.





