En el marco del Día Internacional del Síndrome de Asperger, profesionales de la salud destacan la importancia del diagnóstico temprano y de un abordaje individualizado para acompañar a las personas dentro del espectro autista, subrayando que no se trata de una enfermedad sino de una condición neurológica que requiere comprensión, apoyos adecuados y entornos accesibles.
El síndrome de Asperger forma parte del espectro autista y se caracteriza por particularidades en la comunicación social, la interpretación de normas implícitas y el procesamiento de la información, recordando que desde 2013, con la actualización del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, dejó de considerarse una entidad separada para integrarse al espectro, manteniendo como rasgos frecuentes las dificultades sociales y los patrones de comportamiento repetitivos sin discapacidad intelectual ni retraso significativo del lenguaje.
Las manifestaciones pueden observarse desde la infancia temprana con señales como la falta de respuesta al nombre, un lenguaje fluido pero peculiar y rigidez frente a cambios, mientras que al iniciar la escolaridad suelen aparecer dificultades para comprender normas sociales que a veces se interpretan como problemas de conducta, intensificándose en la adolescencia con desafíos en la interacción social, ansiedad o depresión.
Sobre este punto, la Dra. Viviana Enseñat, jefa de la Unidad de Pediatría del Desarrollo del Hospital Británico, explicó que: el diagnóstico temprano y un abordaje individualizado son clave para que cada persona con condiciones del espectro autista pueda desarrollar sus habilidades y adaptarse a su entorno, remarcando la necesidad de acompañar a familias y educadores con estrategias basadas en evidencia.
El diagnóstico se realiza a través de evaluaciones interdisciplinarias y observación clínica, ya que no existen pruebas específicas, y el abordaje depende de cada persona y su contexto, desmitificando creencias sin sustento científico y promoviendo intervenciones que van desde adaptaciones educativas y terapias conductuales hasta el uso de tecnologías emergentes, siempre con el objetivo de potenciar la autonomía y la inclusión social a lo largo de toda la vida.




