Cada segundo jueves de marzo se conmemora el Día Mundial del Riñón, este año el 13 de marzo, una iniciativa creada por la Sociedad Internacional de Nefrología (ISN) y la Federación Internacional de Fundaciones Renales (IFKF) con el objetivo de generar conciencia sobre la prevención y detección temprana de enfermedades renales. Desde 2006, la jornada busca alertar a la población sobre la importancia de cuidar estos órganos vitales.
Se estima que alrededor del 10% de la población mundial sufre alguna enfermedad renal crónica, muchas veces sin darse cuenta hasta que el problema está avanzado y los tratamientos disponibles se limitan a diálisis o trasplante. Detectar cualquier anomalía a tiempo puede ser clave para frenar la progresión de la enfermedad y mantener la calidad de vida.
Los riñones son filtros esenciales del cuerpo, encargados de eliminar toxinas y desechos a través de la orina. Cuando su funcionamiento se ve comprometido, aumenta el riesgo de intoxicación, así como de padecer infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares, debido a la acumulación de grasas y otros sedimentos en la sangre.
La detección temprana es sencilla y efectiva: un análisis de sangre y orina puede indicar si los riñones están funcionando correctamente. Valores fuera de rango pueden alertar sobre infecciones urinarias, problemas de vesícula o de circulación, y permiten iniciar estudios y tratamientos preventivos a tiempo, evitando complicaciones graves.
El cuidado renal también está ligado a la alimentación y a la equidad social. Una dieta baja en sal, grasas y proteínas, rica en frutas y verduras, ayuda a mantener los riñones en buen estado, pero muchas familias de bajos ingresos enfrentan dificultades para acceder a una alimentación adecuada y a tratamientos costosos.





