Cada 9 de febrero se celebra el Día Internacional de la Pizza, una de las comidas más populares del mundo, que logró trascender fronteras, generaciones y estilos para convertirse en un verdadero fenómeno cultural.
El origen de la efeméride es reciente y llamativo, ya que surgió en 2017 a partir de un debate viral en redes sociales sobre si la pizza debía llevar o no ananá, discusión que alcanzó tal repercusión global que impulsó el reconocimiento de la pizza como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la Unesco y fijó esta fecha como celebración internacional.
En la Argentina, la pizza ocupa un lugar central en la vida cotidiana, aunque el país se ubica en el puesto 23 del ranking mundial de consumo per cápita con 4,2 kilos por persona al año, según un informe internacional que analizó datos de 38 países y que fue liderado por Noruega, Estados Unidos y Canadá.
Más allá de los números, la pizza es protagonista indiscutida de reuniones familiares, encuentros con amigos y celebraciones, consolidándose como parte del ADN gastronómico local y manteniendo vigente el debate entre estilos, sabores y tradiciones.
Para los expertos, sin embargo, hay un consenso claro que atraviesa todas las discusiones, ya que una buena pizza se define en la masa, donde la calidad de la harina, la fermentación lenta, el uso moderado de levadura y la creciente tendencia de la masa madre resultan claves para lograr una pizza liviana, sabrosa y memorable.





