Cada 17 de septiembre, Argentina conmemora el Día del Profesor en homenaje a José Manuel Estrada, quien murió en esa fecha de 1894. Periodista, escritor, historiador y docente, Estrada tuvo un papel destacado en la educación argentina y su figura quedó vinculada a la efeméride que reconoce cada año a quienes ejercen la enseñanza en los niveles secundario y universitario.
Pero pensar qué significa ser profesor hoy también implica mirar hacia atrás y recuperar las historias de quienes contribuyeron a construir la educación del país. Entre ellas se encuentran numerosas mujeres que impulsaron nuevas formas de enseñar, defendieron la educación pública y promovieron una escuela capaz de responder a las necesidades de cada época.
Las mujeres que hicieron escuela
Una colección elaborada por el Instituto Nacional de Formación Docente (INFoD) reúne las biografías de educadores que se destacaron por impulsar ideas innovadoras en diferentes momentos de la historia educativa argentina. El proyecto recupera experiencias y trayectorias que permiten entender que muchas de las discusiones actuales sobre educación tienen antecedentes de larga data.
Entre esas figuras aparece Juana Manso, reconocida por su papel determinante en la fundación del sistema educativo y de la sociedad argentina y por haber sembrado algunas de las primeras semillas del feminismo. Su trayectoria permite recuperar la figura de una mujer que intervino en debates educativos y sociales en un contexto en el que esas voces tenían enormes obstáculos para hacerse escuchar.
También está Rosario Vera Peñaloza, considerada una de las pioneras de la educación nacional por impulsar una propuesta novedosa para el nivel inicial. Su aporte puso el foco en una etapa educativa que con el tiempo adquiriría una importancia central dentro del sistema.
La colección incluye además a Herminia Brumana, quien entendía la educación como un compromiso integral y afectivo que debía contemplar la situación de los alumnos. Esa mirada sobre la enseñanza vuelve especialmente actual una pregunta que todavía atraviesa las aulas: cuánto hay de contenidos y cuánto de acompañamiento, escucha y comprensión en el trabajo docente.
Otra de las historias recuperadas es la de Marina Vilte, promotora de la educación pública y popular y defensora de los derechos de los docentes. Junto a ella aparecen Stella Maldonado, vinculada a la defensa de un sistema educativo público y popular; Mary Sánchez, defensora de la escuela pública y de los derechos gremiales docentes; y Florencia Fossati, impulsora de una escuela laica, democrática y autogestiva, cuya participación en una extensa huelga docente en 1919 sentó bases para el gremialismo del sector.
La selección también rescata a María Saleme, docente de todos los niveles considerada una de las primeras educadoras populares argentinas, y a Olga y Leticia Cossettini, docentes y pedagogas que desarrollaron experiencias innovadoras y alcanzaron reconocimiento nacional e internacional. Sus recorridos muestran distintas maneras de pensar la escuela y de entender el aprendizaje como una construcción que excede la simple transmisión de contenidos.
De aquellas aulas a la enseñanza frente a la Inteligencia Artificial (IA)
Más de un siglo después de las primeras experiencias de estas educadoras, la pregunta sobre qué significa enseñar vuelve a abrirse frente a un escenario completamente diferente. La inteligencia artificial, las redes sociales, la sobreabundancia de información y las nuevas formas de acceder al conocimiento obligan a los docentes a revisar permanentemente sus herramientas y estrategias.
Para Walter Sosa Escudero, ser profesor combina erudición, preparación, pasión y sensibilidad. La tarea implica explicar e informar, pero también motivar, exigir y contener, además de conservar aquello que funciona e innovar cuando las circunstancias lo requieren.
En esa misma línea, Sebastián Antonucci plantea que el docente es mucho más que alguien que transmite contenidos: acompaña a sus estudiantes, ofrece herramientas y puede ayudarlos a descubrir talentos y posibilidades. Sandra Rodríguez agrega que cada alumno llega al aula con una historia, expectativas, dificultades y fortalezas diferentes, por lo que enseñar también supone escuchar, acompañar y generar oportunidades.
Diego Golombek resume una parte de ese desafío al plantear que enseñar consiste mucho menos en transmitir respuestas que en contagiar preguntas. Desde esa perspectiva, el profesor no compite con el acceso instantáneo a la información, sino que puede ayudar a convertirla en conocimiento, estimular la curiosidad y enseñar a pensar.
La llegada de la inteligencia artificial profundiza todavía más esa discusión. Melina Masnatta considera que la docencia adquiere un valor particular en este escenario porque, mientras un algoritmo puede informar, el docente puede preguntar, interpelar, transformar y acompañar. La tarea no desaparece frente a la tecnología, sino que cambia el tipo de herramientas y vínculos que necesita construir.
Una profesión que también se transforma
Las voces docentes reunidas en torno a esta fecha coinciden en otro punto: enseñar también significa aprender. Valeria Feito destaca que los profesores continúan incorporando conocimientos a partir de las preguntas y perspectivas de sus estudiantes, mientras que Laura Díaz, profesora universitaria de Psicología en Resistencia, sostiene que la práctica docente exige reinventarse constantemente y construir conocimiento junto con los grupos.
Alejandro Cánepa, docente universitario desde 2004, pone el foco en la necesidad de recuperar el contacto cara a cara en un contexto marcado por las pantallas y la desmaterialización de los vínculos. Para él, la enseñanza necesita conservar un fuerte componente presencial y humano.
Esa dimensión aparece también en la experiencia de docentes como José Gregorio Calderón, profesor de Educación Física retirado de Las Breñas, Chaco, quien encontró en el deporte una herramienta para formar personas y recuerda especialmente la emoción de encontrarse con antiguos alumnos que todavía reconocen y valoran aquello que aprendieron.
Martín Salvetti, reconocido entre los diez mejores docentes del mundo por la Fundación Varkey en 2019, define parte de la tarea docente desde una idea sencilla: estar ahí. Acompañar, ayudar a los estudiantes a creer en sus posibilidades, enseñarles a buscar y comprender el conocimiento, escuchar y dejarse transformar también por ellos.
Así, el Día del Profesor puede leerse más allá de una efeméride. La historia de Juana Manso, Rosario Vera Peñaloza, Marina Vilte, Herminia Brumana, Florencia Fossati, María Saleme, Mary Sánchez, Stella Maldonado y las hermanas Cossettini muestra que enseñar nunca fue una tarea estática. Cada generación de educadores tuvo que responder a los desafíos de su tiempo.
Hoy, frente a la inteligencia artificial y a nuevas formas de aprender y relacionarse, el desafío vuelve a ser construir herramientas para que los estudiantes puedan comprender el mundo, cuestionarlo y transformarlo. Las tecnologías cambian, las aulas también, pero permanece una dimensión que atraviesa todas estas historias: la educación sigue dependiendo de personas capaces de acompañar a otras personas en el proceso de aprender.





