Día del Maestro: los recuerdos de un docente que hizo de todo para enseñar

El ex maestro rural, Justo Sotelo, repasó en Radio Facundo Quiroga sus inicios hace más de seis décadas en los cañaverales y parajes del interior provincial, revalorizando la vocación y el rol social de la enseñanza en el campo.
11 de septiembre 2026, 12:08hs

La conmemoración del Día del Maestro rinde homenaje a las generaciones de educadores que recorrieron los parajes más distantes del territorio para garantizar el acceso a la alfabetización primaria y a la formación cívica de la juventud. Con el propósito de compartir sus vivencias tras egresar a los 18 años de la Escuela Normal Sarmiento y repasar las transformaciones del sistema escolar, el ex docente rural, Justo Sotelo, charló en Radio Facundo Quiroga. Al recordar sus comienzos profesionales y la diversidad de tareas comunitarias que debía asumir un maestro de campaña en la década de 1960, afirmó: "Hace 66 años me recibí de maestro en la Escuela Normal Sarmiento e inmediatamente vine a trabajar, porque vengo de una familia muy humilde y había que trabajar". Asimismo, al detallar la rutina diaria antes de recibir a los alumnos en las aulas del interior, precisó: "El maestro en el campo tenía que hacer de portero, barrer el salón, abrir la escuela, recibir a los niños, izar la bandera y preparar el cocido caliente en un latón para los chicos".

El traslado hacia los establecimientos educativos rurales demandaba extensas travesías que combinaban transporte marítimo, ferroviario y maquinaria agrícola durante las grandes crecidas de la época. En este sentido, al rememorar las dificultades logísticas para arribar a la Escuela de Las Palmas y las estrategias de convocatoria cultural en Colonia Brandsen Norte de Presidencia de la Plaza, Sotelo destacó: "Para llegar en época de inundaciones, teníamos que viajar en el barco ‘Bruselas’, tomar un tren chiquitito de la compañía y hacer 25 kilómetros en tractor o chata cañaverales adentro". Del mismo modo, al explicar cómo informaban a la comunidad sobre las celebraciones patrias y los bailes populares donde actuaban conjuntos chamameceros, graficó: "Como en la colonia no había nada, a las 5:30 de la mañana tirábamos seis bombas para que la gente se entere de que en la escuela iba a haber acto y baile". Además, al recordar la interrupción temporal de las clases durante la cosecha algodonera, agregó: "En la época de la cosecha, los chicos iban a cosechar con papá y mamá para sacar el dinero y comprarse la ropa y las zapatillas para ir a la escuela".

La relación afectiva entre los maestros nacionales y las familias agrícolas consolidó un sentido de pertenencia y respeto recíproco que perdura a lo largo de las décadas. Al relatar un peligroso episodio donde la intervención de un estudiante evitó el ataque de una serpiente venenosa en plena aula, el ex docente rural valoró: "Un chico me salvó la vida cuando salió una yarará de atrás del botiquín, me dijo que me quede quietito no más y la sacó con un palito". Finalmente, al transmitir un mensaje de felicitación a sus colegas en su día y sintetizar la esencia inmortal de la vocación docente, concluyó: "El maestro no lo es hasta que se jubila, sino desde que se recibe hasta el último momento en que suspira".

Este artículo fue creado a partir de una entrevista en vivo. Las personas mencionadas y/o involucradas en el mismo tienen su correspondiente derecho a réplica que puede coordinarse comunicándose a la producción al número 362 481-5204.

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