Día de la Memoria, Verdad y Justicia: a 50 años de la noche más oscura del país

La fecha convoca a recordar el contexto social, político y económico que precedió al quiebre institucional de 1976.
24 de marzo 2026, 10:25hs

Este 24 de marzo de 2026 se conmemora un nuevo aniversario del Día de la Memoria, Verdad y Justicia, al cumplirse 50 años del golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura militar en Argentina, una fecha que no solo recuerda el quiebre institucional sino también el clima de época que atravesaba el país, marcado por la incertidumbre, el miedo y una sensación extendida de que el desenlace era inevitable.

Los argentinos presagiaban el golpe. No sabían que gran parte de la dirigencia política y sindical, del oficialismo y de la oposición, lo juzgaba inminente e inevitable y lo aceptaba con resignado fatalismo (AP)

En los días previos, la Argentina vivía en una tensión permanente que se percibía tanto en la calle como en los ámbitos de poder. El 23 de marzo de 1976 transcurría con movimientos militares que, si bien no resultaban completamente inusuales en un contexto de violencia política, comenzaban a adquirir otra dimensión. Refuerzos en edificios estratégicos, vehículos circulando en zonas clave y rumores constantes daban forma a un escenario en el que la normalidad era apenas una apariencia sostenida.

En los días previos al golpe de Estado de 1976 se realizaron marchas, paros y convocatorias. El clima social era áspero y la sociedad auguraba el avance militar (Dani Yako)

Ese clima se alimentaba también de señales concretas que encendían alarmas. La salida de buques militares sin destino claro, el refuerzo de la seguridad en embajadas y la preparación de hospitales ante posibles emergencias configuraban un cuadro que iba más allá de simples versiones. Incluso en redacciones periodísticas y círculos cercanos al poder, la información circulaba como trascendidos que, aun sin confirmación oficial, resultaban cada vez más creíbles.

Tanques militares y soldados en la Plaza de Mayo en Buenos Aires durante el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. De pronto, toda la ciudad se había militarizado (AFP)

El sistema político, lejos de ofrecer una salida, parecía paralizado. Dirigentes del oficialismo y la oposición coincidían en que la caída del gobierno de María Estela Martínez de Perón era inminente, y muchos actuaban en consecuencia. En el Congreso, legisladores vaciaban despachos, retiraban documentos y se despedían, mientras la posibilidad de una solución institucional se desvanecía frente a una lógica de desgaste que favorecía la intervención militar.

Una imagen de las semanas previas a la tormenta: el 10 de marzo de 1976, Isabel habló en salón central de la CGT acompañada por el ministro de Economía, Emilio Mondelli, y los dirigentes Casildo Herreras y Lorenzo Miguel

A este escenario se sumaba una crisis económica asfixiante. La inflación avanzaba a un ritmo descontrolado, los aumentos de tarifas superaban ampliamente a los salarios y el desabastecimiento se volvía parte de la vida cotidiana. Góndolas vacías, precios inalcanzables y largas filas para conseguir productos básicos reflejaban una sociedad golpeada, donde incluso las medidas oficiales para contener la situación resultaban insuficientes o directamente ineficaces.

El helicóptero en el que viaja la presidenta Isabel Perón despegó de la Casa Rosada en la madrugada del 24 de marzo de 1976. Poco después de aterrizar en Aeroparque, le avisaron que “las Fuerzas Armadas se han hecho cargo del poder y usted ha sido destituida”
La tapa del diario "La Razón" en los días previos al golpe. No estaba equivocado

La violencia política terminaba de completar un panorama alarmante. Atentados, secuestros y enfrentamientos armados ocurrían con frecuencia, generando una sensación de caos permanente. La sociedad, en muchos casos, había naturalizado ese nivel de conflictividad, apelando incluso al humor negro como mecanismo de defensa, aunque ya no alcanzaba para disimular el desgaste y la angustia colectiva.

En ese contexto, la idea de un golpe militar comenzaba a ser vista por algunos sectores como una salida posible, o al menos inevitable. La expectativa de un “orden” que restableciera cierta estabilidad convivía con el desconocimiento sobre la magnitud de lo que vendría. Años después, quedaría claro que muy pocos dimensionaron el nivel de violencia y represión que se desplegaría tras la ruptura del orden democrático.

Vehículos militares y soldados frente a la Casa Rosada la mañana del 24 de marzo de 1976, el día uno de la dictadura militar más sangrienta de la historia argentina (AFP)

Finalmente, en la madrugada del 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas concretaron el golpe y tomaron el control del país. La presidenta fue detenida, las instituciones quedaron disueltas y el poder pasó a manos de una Junta Militar. En las primeras horas del día, con calles patrulladas por tropas y una fuerte presencia militar, los diarios confirmaban el nuevo escenario que se imponía en todo el territorio.

El amanecer de ese día, luminoso y aparentemente calmo, contrastaba con la gravedad de lo que acababa de ocurrir. Argentina despertaba bajo el control operacional de la Junta Militar, dando inicio a un período signado por el terrorismo de Estado, la censura y la desaparición de miles de personas.

El general Orlando Ramón Agosti y el almirante Emilio Massera flanquean al teniente general Jorge Rafael Videla, flamante presidente de facto de Argentina, tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 (AFP)

A 50 años de aquel momento, el Día de la Memoria, Verdad y Justicia vuelve a interpelar a la sociedad argentina, no solo desde el recuerdo del horror que vendría después, sino también desde la necesidad de comprender cómo se llegó a ese punto, en un país donde el desgaste institucional, la crisis económica y la violencia abrieron paso a una de las etapas más oscuras de su historia.

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