Del dormitorio al debate nacional: por qué nos fascina y cómo nos daña el "escrache emocional"

Tras la filtración de un audio privado atribuido al actor Luciano Castro, el debate sobre los límites de la intimidad vuelve al centro de la escena, exponiendo cómo el juicio social altera la resolución de los conflictos de pareja.
18 de enero 2026, 9:50hs

El fenómeno, que especialistas denominan "escrache emocional", trasciende el mundo del espectáculo y se filtra en oficinas, escuelas y grupos de amigos gracias a la viralidad de las redes sociales. Según la psicóloga Beatriz Goldberg, la exposición pública de una infidelidad multiplica el daño a la autoestima: "Hay personas a las que les duele tanto el engaño como el hecho de que el 'ojo del otro' las esté acusando permanentemente". Esta presión transforma la decisión de perdonar o separarse en una suerte de performance sujeta a la aprobación o condena de terceros.

En este contexto, la "doble vara" de género sigue vigente en 2026. Mientras que la infidelidad masculina suele encontrar mayores márgenes de tolerancia social, las mujeres que expresan su deseo o atraviesan crisis similares suelen ser estigmatizadas con mayor severidad. Silvia Rubies, de la app Gleeden, sostiene que el verdadero conflicto de esta época no es la infidelidad en sí —que ha existido siempre—, sino la preocupante desaparición de espacios donde la vida privada pueda transcurrir sin ser convertida en contenido para el consumo masivo.

Radiografía de la fidelidad en Argentina (Datos 2025/2026):

  • 66% de los argentinos considera la infidelidad una traición irreparable.
  • 34% cree que el perdón es posible dependiendo del contexto y la intención.
  • 55% de los encuestados opina que la monogamia es una imposición social.

Entre el 60% y 75% de las parejas deciden seguir juntas tras un engaño, aunque esto no siempre implique una reconstrucción real de la confianza.

La conclusión de los especialistas es clara: la fidelidad es un contrato privado —explícito o implícito— entre dos personas. Cuando ese acuerdo se rompe y, además, se filtra al dominio público, el código de la pareja no solo se quiebra por el engaño, sino por la intromisión de una narrativa ajena que rara vez busca comprender y casi siempre busca señalar. Proteger la intimidad se vuelve, entonces, no solo una decisión de pareja, sino un derecho fundamental en tiempos de sobreexposición.

MÁS LEÍDAS

Te puede interesar