Aquel 10 de julio significó un inmenso desahogo para un pueblo que llevaba 28 años sin festejar un título con la Selección mayor. El gol de Ángel Di María puso fin a la sequía y marcó el inicio oficial del ciclo más exitoso de la Albiceleste bajo la conducción de Lionel Scaloni.
El certamen se disputó en un contexto inédito marcado por la pandemia de Covid-19, con estadios vacíos y burbujas sanitarias de aislamiento estricto. Originalmente planeada para 2020 en Argentina y Colombia, la competencia terminó organizándose en Brasil con apenas dos semanas de anticipación debido a la situación sanitaria y social. En medio de este escenario atípico y atravesado por las críticas, el equipo comenzó a construir una identidad basada en la unión del grupo por sobre las individualidades.
En aquel momento, Lionel Scaloni era duramente cuestionado por su falta de experiencia previa y su etiqueta de entrenador "interino". Figuras del fútbol, incluido Diego Maradona, llegaron a dudar públicamente de su capacidad, asegurando que no podía "dirigir ni el tránsito". Sin embargo, el técnico se aferró a su proceso y apostó por una renovación profunda, instalando una nueva columna vertebral con figuras como el "Dibu" Martínez, Cristian Romero y Rodrigo De Paul.
La final ante Brasil fue el momento de redención para Lionel Messi, quien finalmente pudo ganar un trofeo con la selección mayor tras haber perdido cuatro finales previas. Al sonar el pitazo final, el capitán cayó de rodillas en el césped del Maracaná mientras todos sus compañeros corrían a abrazarlo en un festejo histórico. Messi reconoció tiempo después que necesitaba sacarse esa espina y que sentía que aquel momento era algo que "Dios lo tenía guardado" para él.
Cinco años después, aquel entrenador que generaba incredulidad se ha convertido en el más ganador de la historia del seleccionado nacional con cuatro títulos mayores. A la conquista de 2021 se le sumaron la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y la reciente Copa América 2024. Lo que comenzó como una apuesta arriesgada en plena pandemia terminó transformando para siempre el destino y la mentalidad del fútbol argentino.





