Tras años de éxito corporativo, decidió abandonar una multinacional para dedicarse a dar clases, terapia holística y al coaching ontológico, buscando un sentido más profundo en su labor diaria. Esta transición nació de una búsqueda interna para sentirse útil y aportar valor real a la vida de las personas.
El cambio no fue sencillo y se manifestó incluso en su bienestar físico, ya que el estrés de un trabajo que no lo llenaba le provocó una grave hernia de disco que lo mantuvo meses en cama. Alfredo recordó el momento exacto de su decisión: "Esto ya no es lo que quiero, era como no estar aportando nada, como no estar ayudando". Al priorizar su salud mental y espiritual, inició un camino de sanación a través del reiki, la numerología y la bio-decodificación.
Su formación en la escuela de Eco Coaching le brindó una nueva perspectiva para acompañar a otros en sus propios procesos de cambio y ampliar sus posibilidades. Alfredo define esta disciplina como una herramienta que va más allá del liderazgo tradicional, actuando como un puente para la transformación personal. Según explicó: "El coaching permite ver las cosas con otra mirada, poder resignificar e interpretar diferente algo".
Actualmente, integra todos sus conocimientos en su gabinete privado, donde aplica primero en sí mismo cada técnica antes de ofrecerla a sus pacientes. Para él, la clave del éxito reside en la coherencia y en el servicio constante hacia el prójimo para que logren su propia evolución. Como reflexión fundamental sobre su método de trabajo, Alfredo sentenció: "Yo todo lo que voy aprendiendo siempre lo aplico en mí porque quiero ver cómo funciona".






