Ex chofer de radio taxi, Adriana relata que fue a través de las charlas con sus pasajeros como comenzó a encontrar las herramientas y los lugares de ayuda que tanto necesitaba. Para ella, el descubrimiento más fuerte fue entender que otras familias atravesaban situaciones de extrema gravedad similares a la suya, afirmando con alivio: “No soy la única, no estoy sola en esto”.
En su proceso de recuperación personal, Adriana reconoció su propia co-adicción y la falta de límites que marcó la crianza de sus hijos debido a sus largas jornadas laborales. Admite además, con profunda sinceridad: “Mi problema fue totalmente falta de límites, en mi cabeza yo decía siempre 'a mis hijos no le va a faltar nada', sin embargo, le falté yo”. Esta toma de conciencia la llevó a buscar refugio y guía en comunidades terapéuticas como la "Casita Papa Francisco" y "Pescadores de Hombres".
El impacto de esta lucha sostenida deja huellas en su bienestar, manifestándose en secuelas físicas y emocionales como hipertensión y ataques de pánico. A pesar de haber atravesado momentos de desesperación donde incluso consideró quitarse la vida, Adriana hoy se aferra a su espiritualidad para seguir adelante. Según explica sobre su nueva perspectiva: “Este es un proceso para toda la vida, no me voy a poner a llorar, a patalear, al contrario, voy a ver qué otra cosa nueva viene apareciendo para estar preparada”.
Actualmente, Adriana colabora en grupos de familiares brindando contención basada en su experiencia vivida. Su mensaje final para otras madres que atraviesan este difícil camino es de resiliencia y espiritualidad: “La esperanza, la fe y la confianza en Dios tienen mucho poder, no perder la esperanza, confiar, confiar y confiar”. Para ella, aunque el camino no sea rápido ni fácil, el amor y la escucha son las herramientas fundamentales para la sanación familiar.





