Tras cerrar el 2025 con una contracción interanual del 3,7%, los primeros datos de 2026 muestran un leve avance del 1%, marcando una recuperación incipiente pero condicionada por ingresos que aún siguen ajustados.
Los consumidores han dejado de ser impulsivos para volverse estratégicos y selectivos. El ajuste principal se observa en la frecuencia de compra, que cayó un 8,2% a fines del año pasado, y en el volumen de los productos adquiridos. Ahora se realizan visitas más espaciadas a los puntos de venta y se llevan canastas más pequeñas para controlar mejor el gasto cotidiano.
Esta nueva lógica beneficia a los formatos de cercanía, como autoservicios independientes y almacenes, que crecieron un 4% y 8% respectivamente, mientras que los grandes supermercados sufrieron una caída del 4%. El canal tradicional ya concentra el 34% del consumo, adaptándose mejor a un cliente que busca comprar solo lo que necesita en el momento y administrar su presupuesto con precisión.
El comercio electrónico también se consolida, con un crecimiento del 32,3% en 2025, pero bajo un perfil mucho más racional. El 63% de los usuarios digitales admite haber ajustado su nivel de gasto y ahora compara en tiempo real no solo precios, sino también opciones de financiación, logística y beneficios antes de concretar la operación a través de marketplaces o supermercados digitales.
Finalmente, el mercado muestra una marcada polarización entre productos premium y opciones de bajo precio. Mientras las marcas tradicionales pierden terreno, los sectores de mayores ingresos sostienen su consumo, apoyados en promociones, y los niveles socioeconómicos más bajos se refugian en las marcas más económicas para hacer frente a la persistente incertidumbre económica.





