Este incremento, que marca el quinto trimestre consecutivo de subas, fue impulsado principalmente por la acumulación de deuda en Estados Unidos y China. Mientras que las economías maduras logran reducir gradualmente sus ratios, los mercados emergentes enfrentan una trayectoria opuesta presionados por mayores necesidades fiscales y costos de financiamiento.
Diversos factores estructurales están detrás de este fenómeno, incluyendo el gasto en defensa, seguridad energética y proyectos vinculados a la inteligencia artificial. Además, el conflicto en el Medio Oriente ha sumado presión sobre las cuentas públicas, obligando a muchos países importadores de energía a recurrir al endeudamiento para mitigar el impacto económico del encarecimiento de los alimentos y el combustible.
En América Latina, la situación fiscal también muestra signos de deterioro, con un promedio regional de deuda sobre el PIB que subió al 67,3%. Brasil encabeza la lista de los países más endeudados de la región con un 91,4%, seguido por El Salvador con un 86,5% y Argentina en cuarto lugar con un 74,9%. Estas cifras reflejan una presión creciente si se comparan con el 65,7% registrado apenas un año atrás.
A pesar de los altos niveles de deuda, el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF) destaca que los mercados emergentes han mostrado resiliencia. Esto se debe a fundamentos macroeconómicos sólidos y un acceso sostenido a los mercados financieros internacionales, donde el apetito por activos de riesgo se mantiene firme. Gracias a esto, la emisión de bonos soberanos ha continuado creciendo pese al aumento de la incertidumbre global.
Hacia adelante, la sostenibilidad de este esquema dependerá de variables críticas como la evolución de la inflación global y las tensiones geopolíticas. Los inversores siguen evaluando de cerca la capacidad de pago a largo plazo de las grandes potencias y el impacto que las decisiones fiscales y monetarias tendrán en el costo de financiamiento para gobiernos y empresas durante los próximos años.





