A 34 años del atentado a la Embajada de Israel en Argentina, Alberto Kupersmid, sobreviviente y ex empleado administrativo del lugar, recordó en Mitre Resistencia cómo vivió aquel 17 de marzo de 1992 y cómo reconstruyó su vida tras la tragedia.
Kupersmid aseguró que la memoria de ese día permanece viva en cada detalle: “El recuerdo es intacto, cierro los ojos y veo cada instante, cada segundo tal cual”, y describió que todo ocurrió en una jornada que parecía normal hasta el momento de la explosión: “Era un día como cualquiera hasta que la camioneta decidió subir a la vereda, estrellarse e inmolarse”.
Sobre cómo logró sobrevivir, explicó que lo atribuye a una combinación de destino y ayuda colectiva: “Siempre digo que parecería una cuestión de destino: la onda expansiva me tiró hacia un lado y no hacia el otro”, relató, y agregó que quedó atrapado junto a tres compañeros: “Quedamos en un espacio muy chiquito, pero con la ayuda de mis compañeros pudimos salir, si no todavía estaría esperando abajo”.
Al repasar su vida después del atentado, sostuvo que la experiencia marcó un antes y un después: “Si me preguntás cómo era mi vida antes del 17 de marzo tengo menos registro que después”, y destacó el proceso de reconstrucción personal: “Uno puede engancharse con la vida o con la muerte, y yo elegí la vida”, afirmó, recordando además que, pese a todo, decidió continuar en su trabajo: “No hubo nadie que haya dudado en volver”.
Finalmente, reflexionó sobre la memoria y la necesidad de justicia, al tiempo que expresó su preocupación por el terrorismo a nivel global: “No nos sorprende, pero nos entristece porque en el medio hay muerte, víctimas e inocentes”, señaló, y remarcó el compromiso de mantener vivo el recuerdo: “Todos los días tenemos que hacer algo para que no se olvide, porque sin memoria y sin justicia hay impunidad, y el camino siempre tiene que ser la paz”.





