Este 20 de agosto se celebra el Día Mundial de las Papas Fritas, una efeméride que pone en el centro de la escena a uno de los alimentos más populares del planeta. Ya sea como acompañamiento, plato principal o tentación de madrugada, las papas fritas lograron convertirse en un clásico universal que admite prácticamente cualquier combinación.
Aunque existen distintas versiones sobre su origen, una de las historias más difundidas ubica sus primeros antecedentes en Bélgica durante el siglo XVII. Allí, según la tradición, los habitantes de algunas regiones acostumbraban freír pequeños pescados, pero durante los inviernos los ríos podían congelarse y dificultar la pesca, por lo que las papas cortadas en forma similar habrían aparecido como una alternativa.
La discusión sobre su verdadero nacimiento, sin embargo, continúa hasta hoy. Bélgica defiende con orgullo su vínculo histórico con las papas fritas y hasta cuenta con un lugar dedicado exclusivamente a ellas: el Friet Museum de Brujas, donde se puede conocer la historia de la papa, su llegada a Europa y la evolución de uno de sus métodos de preparación más famosos.
La popularidad del alimento también cruzó rápidamente el Atlántico. Una de las historias más conocidas sostiene que Thomas Jefferson llevó las papas fritas a Estados Unidos en 1801, cuando sorprendió a sus invitados durante una cena en la Casa Blanca. La denominación “French Fried Potatoes”, en tanto, apareció publicada en Inglaterra en 1856, en el libro Cookery for Maids of All Work, de Eliza Warren.
Un récord difícil de superar
Si hay algo que demuestra la pasión mundial por las papas fritas son sus récords. El Libro Guinness de los Récords registra una porción gigantesca de 454,95 kilos, preparada el 20 de septiembre de 2014 por Twin Oaks Farms, en Eagle, Idaho.
Para ponerlo en perspectiva, esa cantidad equivale a cientos de porciones individuales reunidas en una sola preparación. Un verdadero monumento gastronómico para un alimento que normalmente llega a la mesa en un plato mucho más modesto.
La industrialización también transformó la manera de prepararlas. En 1920 apareció una máquina mondadora de papas, capaz de pelar el tubérculo de manera mucho más rápida y uniforme, un avance que ayudó a acelerar un proceso que hasta entonces dependía mucho más del trabajo manual.
¿Qué tiene una buena papa frita?
Conseguir una papa frita realmente irresistible no depende solamente de cortar una papa y tirarla al aceite. Uno de los trucos más conocidos consiste en realizar una primera cocción a una temperatura relativamente baja y luego una segunda fritura a mayor temperatura, lo que permite conseguir una superficie más dorada y crujiente sin perder una textura tierna en el interior.
También existen diferencias enormes según el corte. Las hay finitas, gruesas, onduladas, tipo bastón, con piel o incluso preparadas en gajos. Y cada variante encuentra sus propios defensores, porque si hay una discusión capaz de dividir una mesa es determinar cuál es la papa frita perfecta.
Pero detrás de ese dorado tentador también existe un aspecto que merece atención. Las papas sometidas a temperaturas elevadas pueden generar acrilamida, un compuesto químico que se forma durante determinados procesos de cocción de alimentos ricos en almidón. Por eso, aunque sean un clásico delicioso, la moderación y una alimentación equilibrada siguen siendo importantes.
De Bélgica al mundo
Las papas fritas también se transformaron en un fenómeno económico. Estados Unidos es uno de los principales exportadores de productos de papa procesados, mientras que Bélgica mantiene una enorme tradición de consumo y preparación, al punto de que las “friteries” forman parte de su identidad gastronómica.
Y quizás uno de los mayores secretos de su éxito sea justamente su sencillez. Una papa, aceite y sal pueden convertirse en un acompañamiento capaz de convivir con una hamburguesa, un bife, un sándwich o prácticamente cualquier comida.
A eso se suma su capacidad para adaptarse a los gustos de cada lugar: ketchup, mayonesa, mostaza, queso, salsas, especias o simplemente sal. En algunos países se comen como acompañamiento y en otros ocupan un lugar central en la comida callejera.
Así, lo que comenzó como una preparación sencilla terminó convertido en un fenómeno gastronómico mundial. El Día Mundial de las Papas Fritas es, en definitiva, una excusa perfecta para mirar de otra manera ese plato que muchas veces llega a la mesa casi sin llamar la atención.
Porque detrás de una simple porción dorada hay siglos de historia, una disputa por su origen, un museo, máquinas, récords mundiales y hasta una particular relación con la Casa Blanca. Y, por supuesto, una pregunta que probablemente nunca tenga una única respuesta: ¿Hay algo más difícil de resistir que una buena porción de papas fritas recién hechas?.





