El Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, marcará el inicio de una profunda transformación reglamentaria impulsada por la FIFA y la IFAB.
La modificación más visible recaerá sobre los arqueros, quienes tendrán un máximo de ocho segundos para retener el balón con las manos. En caso de superar este límite, el árbitro ya no cobrará un tiro libre indirecto, sino que otorgará un saque de esquina al equipo rival. Para garantizar la transparencia, el juez realizará una cuenta regresiva visual levantando la mano durante los últimos cinco segundos del conteo.
Las sustituciones también estarán bajo un control estricto: el jugador reemplazado deberá abandonar el campo en un máximo de 10 segundos. Si el futbolista demora más tiempo, el sustituto no podrá ingresar de manera inmediata y deberá esperar hasta la siguiente interrupción o incluso cumplir un minuto de juego efectivo antes de entrar, según los protocolos que se están ensayando.
Además, la tecnología ampliará su protagonismo, ya que el VAR tendrá nuevas facultades para intervenir en jugadas de córners mal otorgados y en determinadas acciones de segundas tarjetas amarillas. También se estudian mecanismos para aplicar cuentas regresivas visibles en los saques de banda y de meta, buscando sancionar inmediatamente cualquier intento de frenar el ritmo del encuentro.
Estas reformas forman parte de una estrategia integral para revalorizar cada segundo del espectáculo, incluyendo evaluaciones sobre la "Ley Wenger" para el fuera de juego. Con estas innovaciones, la FIFA busca que el Mundial 2026 sea recordado no solo por sus 48 selecciones, sino por inaugurar una nueva era reglamentaria donde el tiempo neto de juego sea la prioridad.





