"El juguito de erizo": descubrimiento que cambio la vida de una madre bióloga y su hijo

Ante la falta de respuestas de la rara condición autoinmune de su hijo, y los efectos secundarios de los tratamientos tradicionales, la científica Tamara Rubilar decidió investigar una alternativa basada en su propio campo de estudio.
15 de abril 2026, 20:31hs

Tamara Rubilar, bióloga e investigadora del CONICET, vivió una pesadilla cuando su hijo desarrolló una rara condición autoinmune que le impedía alimentarse correctamente debido a un intestino inflamado y sangrante. Según relata, la desesperación era constante: "al principio no podía dormir por la enfermedad que tenía y después no podía dormir por el tratamiento que le daban".

Especialista en el estudio de los erizos de mar, Rubilar volcó todo su conocimiento científico para encontrar propiedades curativas en las huevas de estos animales. Lo que comenzó como una búsqueda desesperada en su laboratorio se transformó en un hallazgo de biotecnología aplicada a la salud humana. Al recordar sus inicios, Tamara admite que el camino fue difícil: "transitarlo la verdad que fue bastante difícil, bastante doloroso y sobre todo con muchísima incertidumbre".

El impacto en la salud de su hijo fue rotundo; tras un año de consumir lo que en la intimidad de su hogar llamaban el "juguito del erizo", el niño pudo dejar los corticoides y hoy, a los 13 años, lleva una vida saludable y juega al rugby. Este éxito personal la llevó a fundar la primera empresa de base tecnológica en la Patagonia, procesando suplementos dietarios bajo estándares científicos. "Nosotros no buscamos curar, pero sí buscamos ser coadyuvantes o ayudar a que ese tránsito sea más llevadero", explica sobre el objetivo de sus productos.

Actualmente, su equipo de investigación trabaja en proyectos para mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y el ELA. La bióloga resalta que estos avances son posibles gracias a la inteligencia tecnológica y a la escucha de los reportes de mejoría de quienes consumen sus formulaciones. Sobre estas nuevas fronteras, aclara con prudencia: "no vamos a curar las condiciones, pero sí tratar de mejorar" el día a día de las personas afectadas.

La historia de Tamara Rubilar es un testimonio del valor de la investigación pública y de cómo la ciencia puede cambiar destinos de forma inesperada. Para la investigadora, el apoyo estatal al conocimiento es fundamental para el progreso de la sociedad. Al concluir su entrevista, dejó una reflexión contundente: "es tan importante apoyar a la ciencia, no importa qué disciplina y no importa cuán básica sea", ya que nunca se sabe qué soluciones vitales se pueden hallar en el camino.

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