El Gobierno nacional dispuso la expulsión del principal funcionario diplomático iraní en el país, en una decisión que profundiza la tensión entre ambas naciones y se enmarca en el escenario internacional marcado por el conflicto en Medio Oriente.
La medida establece que el representante iraní deberá abandonar el país en un plazo menor a 48 horas y se suma a una serie de definiciones recientes que posicionan a la Argentina en un alineamiento geopolítico claro, lo que generó reacciones inmediatas desde Teherán.
El conflicto se intensificó en las últimas semanas tras declaraciones oficiales que calificaron a Irán como enemigo, en referencia a los atentados ocurridos en la década del 90, lo que derivó en una dura respuesta del régimen iraní, que advirtió sobre posibles consecuencias ante lo que consideró una postura hostil.
En paralelo, el Gobierno avanzó con medidas concretas como la declaración de la Guardia Revolucionaria de Irán como organización terrorista, lo que habilita sanciones económicas y restricciones, además de reforzar los operativos de seguridad en puntos sensibles como sedes diplomáticas y la comunidad judía.
La decisión también generó repercusiones en la región, con cuestionamientos desde Uruguay por el uso de su territorio para difundir mensajes contra la Argentina, mientras que desde Israel respaldaron la medida y destacaron la postura del país en el escenario internacional.
En este contexto, la relación bilateral atraviesa uno de sus momentos más tensos, con antecedentes históricos que vuelven a cobrar relevancia y un escenario abierto que podría escalar aún más en el plano diplomático.





