Herrera explicó que la decisión de su cliente de convertirse en imputado colaborador fue un proceso voluntario y estratégico, buscando esclarecer la compleja estructura de manejo de fondos de la que fue parte.
Sobre las supuestas presiones judiciales denunciadas por sectores políticos, el letrado aclaró que la iniciativa de colaborar con la justicia nació de la propia defensa. "Mi experiencia fue todo lo contrario. Los que pedimos el arrepentido fuimos nosotros, no es que vino alguien a apretarlo a Manzanares", aseguró Herrera, enfatizando que no hubo amenazas de ningún tipo por parte de jueces o fiscales.
El testimonio de Manzanares aportó detalles inéditos sobre la logística del dinero en efectivo que llegaba desde Buenos Aires. Según relató su abogado, el contador era el encargado de recibir los cargamentos que llegaban en la flota oficial: "Él buscaba a Daniel Muñoz cuando iba en el avión presidencial, llegaban bolsos todas las semanas por entre 2 y 3 millones de dólares", describió sobre el flujo de divisas destinado al secretario privado de Néstor Kirchner.
Para Herrera, el motivo principal que llevó a su asistido a romper el silencio fue la falta de respaldo de sus antiguos empleadores tras su detención. El abogado señaló que el quiebre fue motivado por "el abandono que sintió por los propios", afirmando que Manzanares percibió que la expresidenta "le soltó la mano básicamente", lo que derivó en un cambio de postura espiritual y procesal.
Finalmente, el defensor destacó que el acuerdo de arrepentimiento no se tradujo en beneficios inmediatos o tratos de privilegio, sino en condiciones de detención extremas. Herrera recordó que debían cumplir protocolos de seguridad insólitos para contactar a su cliente: "Nos citaron en la laguna de Lobos a las 2 de la mañana para poder verlo, lo llevaban vendado", concluyó para graficar que el proceso no fue un "premio" para el excontador.





