Su camino comenzó en 2024 cuando, impulsada por su madre, se inscribió en la Universidad Popular para cursar la primera cohorte de la carrera. Lo que inició como una búsqueda de respuestas personales se transformó en un proceso de sanación y transformación profunda que hoy aplica en su vida diaria.
Uno de los aspectos más significativos de su formación fue realizarla en conjunto con su progenitora, compartiendo intensas jornadas de estudio y prácticas los fines de semana. Para Irina, esta experiencia fue fundamental para fortalecer sus vínculos familiares y personales: "Poder hacer eso con ellos me gustó mucho, lo disfruté mucho, siento que todos siempre tenemos cosas que sanar de los padres", expresó al recordar el proceso de aprendizaje compartido.
Durante la entrevista, la joven profesional definió al coaching como una herramienta de autoconocimiento para obtener resultados distintos, invitando a dejar atrás el "piloto automático". Destacó la importancia de aceptar que la vida no es un trayecto rígido, sino una evolución constante: "Aprendí a amigarme con que nada es lineal, que todo es un proceso en la vida de uno; el ser humano no es fijo, todo el tiempo se está transformando".
Finalmente, resaltó que la mayor enseñanza de este año fue aprender a gestionar sus emociones y establecer fronteras saludables en sus relaciones. Según explicó, el coaching le brindó la apertura necesaria para priorizar su bienestar y entender sus propios valores. Al respecto, concluyó con una reflexión sobre su crecimiento: "Antes me costaba mucho decir que no, pero con el tiempo aprendí a priorizarme y a no sentirme mal por eso".





