Una computadora con neuronas humanas vivas logró aprender a jugar por sí sola

El desarrollo abre un nuevo capítulo en la relación entre biología y tecnología.
8 de marzo 2026, 16:30hs

Un avance tecnológico que parece salido de una película de ciencia ficción comenzó a hacerse realidad. Una startup australiana presentó una computadora que funciona con neuronas humanas vivas cultivadas en laboratorio y logró demostrar que el sistema puede aprender por sí mismo a jugar un videojuego.

El dispositivo, llamado CL1, fue desarrollado por la empresa Cortical Labs y se presentó públicamente durante el Mobile World Congress realizado en Barcelona en 2025. En su interior alberga cerca de 800.000 neuronas humanas obtenidas a partir de células madre reprogramadas de muestras de piel y sangre de donantes adultos, que crecen sobre un chip de silicio conectado a una red de electrodos.

Durante una demostración que rápidamente se viralizó en internet, el sistema utilizó unas 200.000 neuronas para interactuar con el videojuego Doom. Las señales del juego se transformaron en impulsos eléctricos que las neuronas procesaron en tiempo real, generando respuestas como moverse, apuntar o reaccionar frente a los enemigos.

El proyecto se basa en investigaciones previas del mismo equipo. En 2022, un estudio publicado en la revista científica Neuron mostró cómo cultivos neuronales similares aprendieron a jugar Pong en cuestión de minutos, reorganizando su actividad sin instrucciones directas. El CL1 representa ahora la evolución comercial de ese experimento.

Uno de los puntos que más interés genera en la industria tecnológica es su eficiencia energética. Mientras los grandes centros de datos que entrenan modelos de inteligencia artificial consumen enormes cantidades de electricidad, el cerebro humano funciona con unos 20 vatios, un nivel de consumo extremadamente bajo para su capacidad de procesamiento.

Según los desarrolladores, un rack con 30 unidades del sistema CL1 puede funcionar con menos de un kilovatio de energía total. En lugar de competir con los potentes chips gráficos que dominan el mercado de la inteligencia artificial, esta tecnología apunta a aplicaciones específicas como robótica adaptativa, investigación médica o modelado de enfermedades neurológicas.

El avance también abre interrogantes sobre el futuro de la computación y la relación entre biología y tecnología. Mientras algunas empresas buscan conectar el cerebro humano a máquinas mediante implantes, otros proyectos avanzan en el camino inverso: llevar tejido biológico al mundo digital.

La compañía detrás del desarrollo ya comercializa el sistema por unos 35.000 dólares y ofrece incluso acceso remoto a cultivos neuronales vivos mediante un servicio en la nube. A través de este modelo, investigadores pueden experimentar con neuronas reales sin necesidad de contar con un laboratorio propio.

Aunque los desarrolladores aseguran que estos cultivos neuronales no tienen estructuras que puedan asociarse con conciencia, el avance abre un debate inevitable sobre los límites éticos y regulatorios de esta nueva frontera tecnológica. Por primera vez, la computación empieza a integrar directamente tejido humano vivo, un territorio que todavía no cuenta con reglas claras.

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