El 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, establecido por la ONU para reconocer el rol de las mujeres en la investigación y promover su igualdad en STEM, la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. La edición 2026 propone el lema “Aprovechar las sinergias entre la inteligencia artificial, las ciencias sociales, las STEM y el sistema financiero: construir un futuro inclusivo para las mujeres y las niñas”.
Según la UNESCO, la integración de la inteligencia artificial con STEM, las ciencias sociales y la economía puede reducir la brecha de género en competencias digitales, fomentar empresas lideradas por mujeres y asegurar que las innovaciones lleguen a grupos marginados, aunque la falta de políticas concretas puede ampliar desigualdades existentes.
El informe “Status and Trends of Women in Science – 2025” revela que a nivel global solo el 31,1% de los investigadores son mujeres, con variaciones por región y con representación limitada en cargos de liderazgo y reconocimientos como los Premios Nobel, donde apenas el 4% fueron otorgados a mujeres desde 1901. En educación superior, aunque las mujeres superan en matrícula a los hombres, solo el 35% de los graduados en STEM son mujeres, y en 112 de 135 países menos del 20% elige carreras en estas áreas.
Entre los obstáculos para el avance femenino, la UNESCO señala la falta de referentes, dificultades para conciliar la vida laboral y familiar, y baja presencia en cargos de liderazgo, especialmente en sectores como la ciencia cuántica donde menos del 2% de los solicitantes son mujeres y el 80% de las empresas carece de directivas femeninas. La ONU y la UNESCO impulsan políticas inclusivas, mentorías y financiamiento con perspectiva de género para transformar estos entornos.
El valor de la inclusión femenina va más allá de la equidad: la falta de diversidad limita la creatividad y la innovación, afectando la eficacia de desarrollos tecnológicos como la inteligencia artificial. La visibilización de referentes, el impulso de programas educativos y la integración de mujeres en posiciones de liderazgo se presentan como medidas clave para garantizar una ciencia más justa, inclusiva y relevante para toda la sociedad.





