Cada 8 de febrero se celebra el Día del Genetista en conmemoración del nacimiento de Gregor Johann Mendel, científico austríaco considerado el padre de la genética, quien en 1865 presentó sus estudios pioneros que sentaron las bases para comprender cómo se transmiten los rasgos hereditarios.
A partir de sus investigaciones, la genética se consolidó como una disciplina central para la ciencia moderna, con aplicaciones directas en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades genéticas, el asesoramiento familiar, la interpretación de pruebas de ADN y el desarrollo de terapias que actúan sobre los genes.
En los últimos años, distintos avances demostraron la importancia de esta ciencia en la salud humana, como los estudios genéticos vinculados al Covid-19 que permitieron identificar genes y células asociadas a la gravedad de la enfermedad, aportando información clave para la prevención y el tratamiento.
Otras investigaciones ampliaron el conocimiento sobre la historia de la humanidad, al revelar vínculos genéticos entre pueblos sudamericanos y de Polinesia, y al demostrar la diversidad de orígenes de los vikingos, desmontando la idea de una ascendencia única en esas poblaciones.
Asimismo, el desarrollo de herramientas como la puntuación de riesgo poligénico y la edición genética mediante la técnica CRISPR abrió nuevas posibilidades para la detección temprana de enfermedades, la mejora de tratamientos médicos y la investigación científica, reafirmando el rol central de la genética en el bienestar de las personas.





